La Perfecta Versión de lo Imperfecto

La Perfecta Versión de lo Imperfecto

Hace poco tiempo conseguí dar con una definición de la arquitectura que al menos a mí me satisface lo suficiente. O más que una definición, quizás debería decir un marco, un campo de juego.[1]

La arquitectura es la perfecta versión de lo imperfecto.

Si viramos 180 grados, la definición sirve también para el urbanismo, el urbanismo esla imperfecta versión de lo perfecto(o aquí debería matizar la ocurrencia, el urbanismo es la imperfecta versión de lo que debería serperfecto.)

En fin, en ambos casos la perfección sale perdiendo en aras de una imperfección que humanizaen cierto modo la aspiración del ideal de perfección.

Rainer Werner Fassbinder decía que aquello que somos incapaces de cambiar, al menos deberíamos describirlo. La perfección como ideal no es solamente un concepto, ya sea cultural, estético o social, que no podemos cambiar, sino que a veces ni tan siquiera es una entelequia a la que nos podemos acercar. Y sin embargo, siendo inalcanzable en multitud de ocasiones, la perfección, ha sido un motor para la reflexión y para la producción de sujetos culturales codificados que arrastran siempre la frustración de su imposibilidad, de atrapar la totalidad de lo idealizado.

En cierta manera la imperfección implícita que reside en lo más profundo de la arquitectura recuerda al mito de Ícaro, no por casualidad hijo de Dédalo, si acaso el primer arquitecto, constructor del laberinto que encerró al minotauro. Ícaro provisto por las alas construidas por su padre, Dédalo, malbarató ese dispositivo perfecto, acercándose inconscientemente al sol. Una imperfección fatal en este caso, de la que Dédalo había informado previamente.

Nada, ni nadie, es perfecto.

En otras palabra, y traduciendo la mitología griega a una suerte de actualidad hipermoderna, incluso en el caso de llegar a realizar una obra de arquitectura perfecta, será la vanidad o la inconsciencia del ser humano la que se encargará de transformar la supuesta perfección alcanzada en una constatación de lo imperfecto.

Pero, ¿cuál es la raíz del eterno triunfo de lo imperfecto?

No sería capaz de visualizarlo en otros campos del conocimiento, pero en la arquitectura al menos, si que sufrimos a diario el fantasma de lo perfecto. Por desgracia, dirán algunos, por suerte me permito expresarlo yo, se acaba rebajando la condición absoluta de lo perfecto a la realidad prosaica de lo imperfecto. Por elevado que sea el ideal, por completa que pueda ser la proyección, la participación del individuo, de la mano, de la fuerza que imponen nuestras limitaciones prácticas transforman un ideal de perfección en una poética de lo imperfecto.

En esa dualidad, la aspiración de un ideal perfecto, y la frustración de una realidad imperfecta, nos debatimos constantemente en una especie de bucle tormentoso.

¿quién en su sano juicio puede afirmar que tras múltiples vicisitudes, el objeto real y construido de la arquitectura ha colmado todas y cada una de las aspiraciones ideales del proyecto? Creo con franqueza que si alguien afirma que un proyecto arquitectónico acabado ha quedado perfecto, es que, o no es de fiar como proyectista, o tiene muy bajo el listón de la exigencia constructiva.

Y es que en realidad el debate interno que cualquier arquitecta o arquitecto tiene que gestionar es precisamente la distancia entra la figuración, supuestamente perfecta, al menos como ideal a perseguir, y la consciencia que la realidad construida de ese ideal, acabará naufragando en el oleaje de lo imperfecto. Aún más, ¿es que lo perfecto, aparte de cómo ideal inalcanzable, tiene algún sentido?

Quizás si ese ideal ha sido perseguido e investigado durante siglos, esa idealización tiene un valor. Pero aún así, prefiero, no tanto asumir lo imperfecto como parte de la ecuación proyectual, sino sobre todo, estar lo suficientemente atento al proceso de proyectar la arquitectura para, consciente de que nunca podrá escapar de ciertas imperfecciones, transformar estas en activos del acto proyectual. Es decir, asumirlas como puntos de partidas y otear su potencial para crear matices, saltos o argumentos de una arquitectura que nunca será pura, nunca será absoluta, ni salvará el mundo, ni por suerte, tiene la responsabilidad de hacerlo.

Esta actitud se resume en la boutadeque alguna vez he expresado aquí, el convencimiento que la arquitectura siempre ha de tener una vocación bastarda, mestiza e híbrida. Esta expresión no deja de afirmar el carácter no solamente científico y objetivo del proyecto arquitectónico, sino también, y muy necesariamente, de la estructura emocional y por tanto subjetiva que lo forja.

La arquitectura debe asumir una dosis importante de imperfección en su andamiaje intelectual, dejando brechas y fisuras para que el otro,es decir, el receptor de ese cuerpo conceptual pueda asumirlo como propio. Una arquitectura que se piensa desde la perfección será siempre una arquitectura que se impone al otro, que lo obliga a entrar en los estrechos límites de una manera especifica de pensar, que indefectiblemente será lanzada de uno a muchos, si así se imagina.

Esa idealización que busca un modelo cerrado de pensar la arquitectura, hoy ya no puede tener ninguna posibilidad de ser en sí, como suelen expresar los filósofos.

La arquitectura debería ser pensada desde un planteo de código abierto, dar acceso a que se vaya construyendo narrativamente desde aportaciones nuevas e incluso insospechadas. Que vaya creciendo con aportaciones que desde su imperfección la enriquezcan. Así la supuesta imperfección deja de serlo.

La arquitectura ya no es una profesión que lanza desde la psicorigidezproclamas idealistas y cerradas, sino más bien dispone para el uso de aquellos que se aproximen a ella, estrategias de transformación.

Hay que rescatar la arquitectura que se hunde desde su concepción en principios y no en reglas.  Ya se sabe, si se tienen principios, ¿a quien le importan las reglas?

Ya no existe una sola arquitectura posible, sino potencialmente muchas arquitecturas que conviven a la vez en un solo proyecto, incluso en ciertos casos a través del conflicto de la contradicción.

En ocasiones, sobre todo desde la ortodoxia, se tildan estos planteos como soluciones frívolas, pues abren la esencia del pensar la arquitectura a otras materias y sobre todo a otros actores. Puedo llegar incluso a estar de acuerdo, pero es que la frivolidad es un asunto muy serio.

La mítica casa para su madre Vanna Venturi,[2]de Robert Venturi se ha criticado en infinidad de veces como un proyecto y una realización de la arquitectura que frivoliza sus bases a través de la cultura popular. La cubierta a dos aguas, las ventanas que a primer golpe de vista parecen compuestas por cuarterones burgueses idealizados por la clase media americana o la falta de rigor en la posición descentrada de la chimenea respecto al eje central de la fachada principal, ha acabado maliciosamente enmarcando el proyecto como una especie de casa chistosa y desprovista del supuesto y elevado ideal de perfección.

Todo lo contrario bajo el paraguas de lo dicho hasta ahora, la casa, se fotografía como un ortodoxo alzado, pero invita a través de la figura centrada de la madre a dejar en esa fisura/figura una proyección de las aspiraciones de la clase media americana. En otras palabras, las imperfecciones conceptuales del proyecto, desde un punto de vista ortodoxo, dan pie a una verdadera invitación al otro a tomar partido y hacer parte de un objeto construido que simboliza el acceso a los no cultivados, a los nunca invitados a acceder, en términos conceptuales.

La casa es un manifestó de lo imperfecto, si se entiende como tal la autentica apertura a la cultura popular, desprovista de los rígidos códigos de las élites.

Paradójicamente[3]la casa para Vanna Venturi, pensada desde la imperfección compositiva, propone una arquitectura casi perfecta para dar la entrada al imaginario de lo no codificado como modelo de perfección.

En fin, la arquitectura, tras el recorrido expresado aquí, sigue siendo la perfecta versión de una narración necesariamente, casi diría, obligatoriamente imperfecta. Una imperfección asumida, nutritiva y fascinante que se deja apenas ver en el oscuro campo de sus fisuras.

En la imagen, la fachada posterior, mucho menos conocida y fotografiada de la casa para su madre de Robert Venturi. Toca empezar a mostrar las caras B de la arquitectura. Descubriremos imperfecciones maravillosas.

[1]De hecho, quizás no es una definición mía, igual lo leí en algún libro, o salió en una galletita de la suerte, pero eso da lo mismo.

[2]Una descripción casi aséptica del famoso proyecto de Venturi se puede encontrar en https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/721212/clasicos-de-arquitectura-casa-vanna-venturi-slash-robert-venturi

[3]Ver aquí mismo acerca de las dimensiones conceptuales de este proyecto paradigmático el post el del 8 de abril de 2013, El desafío de la Significación, https://axonometrica.wordpress.com/2013/04/08/el-desafio-de-la-significacion/

 

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