Cuando La Arquitectura No Se Agota

Cuando La Arquitectura No Se Agota

El peso del mundo es amor. Bajo el peso de la soledad, bajo la carga de la insatisfacción

Allen Ginsberg

Tomo de prestado el arranque de un texto[1] de Jorge Wagensberg, cambiando tan solo la palabra realidad por la palabra arquitectura, que a mi parecer son palabras prácticamente coincidentes.

La arquitectura se compone de dos cosas: objetos y fenómenos. Los objetos ocupan el espacio, los fenómenos ocupan el tiempo. Los objetos son distribuciones espaciales de materia, energía e información. Los fenómenos son cambios temporales de los objetos. La creación de la arquitectura coincide con la creación del tiempo. En el instante siguiente se inicia la transformación de la arquitectura, la expansión del espacio y el despliegue del tiempo.

Coincide la lectura de este texto de Wagensberg convenientemente modificado para mis intereses, con una pregunta, quizás absurda, pero que me ha mantenido en un cierto estado de inquietud durante los últimos meses.

¿Porqué la arquitectura no se agota?

Repito que posiblemente la pregunta no procede o acaso no tiene demasiado sentido, pero ya se sabe, a veces, y no pocas, de actitudes estériles surgen procesos enriquecedores.

Tras varias pesquisas fallidas, intentos más o menos direccionados a olvidar la pregunta, y ante la insistencia de esta, encuentro la respuesta.

Sigo con Wagensberg para no desviarme del hallazgo.

Según las teorías cosmológicas, al poco de nacer el tiempo, la cantidad de materia del universo se estabilizó en unos dos millones y medio de trillones de cuatrillones de kilos. Desde entonces la materia no ha dejado de pasar de un objeto a otro. Lo mismo ocurre con la energía y la información. Los objetos cambian. Cambian de materia. Cambian de energía y cambian de información. Los objetos cambian de identidad. Todo lo que empieza, acaba o se transforma.

Me permito agregar un par de cosas. Todo se transforma, como la canción de Jorge Drexler, curiosamente otro Jorge ilustre, pero es que también y a la vez que la realidad, la arquitectura, los objetos y los fenómenos van cambiando en una especie de carrusel cósmico, donde el que mira, el observador, el usuario, el ciudadano, así tomado en abstracto y por añadido, objeto y fenómeno también de la arquitectura, cambia también. Es decir cambia la realidad y cambia el observador. Incluso la presencia del observador cambia el punto de partida de la realidad, lo que traducido a la arquitectura, la presencia del usuario cambia la arquitectura.

Me parece importante no olvidar este principio.

Otra idea; Parafraseando a Buckminster Fuller, y la famosa pregunta que el mítico inventor le espeta a Lord Norman Foster, nos preguntamos no solamente lo que pesa nuestro edificio, sino más fascinante aún, cuanto pesa toda la arquitectura, la pasada y en algunos casos transformada en otra cosa, la presente y sumando estas, la que podemos llegar a producir. El ámbito donde se da la arquitectura, la realidad, en su esencia materia, energía e información, pesa exactamente dos millones y medio de trillones de cuatrillones de kilos. Toda la arquitectura pesa potencialmente eso, en tanto que toda la realidad pesa exactamente eso.

Dicho esto y asumido el dato con toda claridad y dureza, entiendo por qué la arquitectura no se agota. Entiendo por qué la capacidad de transformación de una magnitud tan descomunal tiene la capacidad casi infinita de seguir recombinando todo aquello que compone la arquitectura, como ya hemos dicho, materia, energía e información y por tanto, por mucho tiempo que haya transcurrido desde una primera arquitectura, es decir, por mucho tiempo que haya transcurrido desde una primera realidad, queda todavía una cantidad inverosímil de situaciones combinadas y recombinadas que simplemente hacen de la arquitectura un sistema de conocimiento inagotable.

Sea como fuere, será antes el arquitecto el que se rinda, no la arquitectura;

La arquitectura no se agota.

La imagen se corresponde con una vista de la exposición Forensic Architecture. Hacia una estétitca investigativa. MACBA, del 28 abril al 15 de octubre 2017 comisariada por Rosario Güiraldes. Foto: Miquel Coll

[1] WAGENSBERG, Jorge, La Rebelión de las Formas, Colección Metatemas, Tusquets Editores, Barcelona 2004. El texto que cito proviene del principio del libro en el capítulo llamado Objetos y Fenómenos en el gran catálogo de la realidad.

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