Nitidez

axonometrica 0119 NITIDEZ

Nitidez

Intento trazar un boceto a la reconfortante distancia de una memoria cercana.

Recientemente Carlos Pereda enarboló algunas reflexiones en un discurso impecable a los recientes arquitectos de la promoción 2013/2014 de la Escuela de Arquitectura de la Universitat Internacional de Catalunya, entre los que se encontraban un buen puñado de alumnos míos.

Este texto simplemente quiere poner en valor como la construcción intelectual y por tanto conceptual y teórica de la arquitectura requiere de palabras precisas, de bordes afilados, de significaciones claras y apelativos contundentes.

En las palabras de Carlos hay una constante búsqueda de la idea de la nitidez. Esta nitidez proviene tanto del esfuerzo por encontrar la palabra precisa en sus acertadas críticas y comentarios a los proyectos, como por la claridad de las palabras usadas en su discurso de graduación. Carlos dejaba constancia de aquellos proyectos claros, acertados y sin fisuras usando el adjetivo nítido.

Hasta entonces, debo confesar, que nunca había utilizado la palabra nítido para referirme a un proyecto. Mi impaciencia, un defecto que me corroe de forma innata y tan mala compañera de viaje, alojó alguna vez la palabra nitidez y todos sus significados vecinos junto a otras que me producen un cierto chirriar de dientes. Por puro atropello, situé esta palabra en el mismo estante que otras que consideraba vecinas, tal como pureza, absoluto y estilo.

Sin embargo, viendo la confianza y la reiteración con la que Carlos pronunciaba esta palabra, me tomé el tiempo necesario para entender todas sus declinaciones. Así esta palabra, se ha ido acercando lentamente al conjunto de mis palabras preferidas, ha ido tomando forma y cuerpo. Sus límites se han clarificado, o en otras palabras sus contornos se han vuelto nítidos.

Gracias a la generosidad, tanto la de Carlos como persona y docente, como la generosidad de su lenguaje, he podido retomar algunos significados abiertos alrededor de lo nítido.

Aquello que solemos adjetivar como nítido, no pertenece en absoluto a una categoría moral cerrada, quizás la categoría más alejada de la arquitectura desde la que se puede hacer y pensar hoy.

Contraponiendo la idea de lo nítido, surge la idea de lo borroso.

Hay algo en lo borroso que parece atractivo. No sabría decir porqué. Sin embargo, si decimos que un edificio es borrosos por falta de claridad conceptual, ahí no siento cercana esa manera de caracterizar.

Hay un ejemplo clarísimo, el edificio Blur Building de Elisabeth Diller y Richard Scofido es el paradigma de aquello a lo que antes me refería. El edificio por definición es borroso, informal, en tanto que es una nube de agua pulverizada. Quizás y de forma prácticamente directa, es el primer edificio borroso, hiperrealísticamente borroso, quiero decir.

Este ejercicio de arquitectura borrosa, sin más fachada ni ventanas que una nube condensada es absolutamente nítido en su planteo.

El edificio forma parte de la Swiss Expo del año 2002 situada en tres diferentes lagos. El lago de Neuchâtel, el lago de Bienne y el de Murten. La exposición estaba dividida en 5 partes y en su momento tuvieron mucha repercusión los problemas financieros, de hecho se tenia que haber abierto en el 2001, y los excesos finales de presupuesto.

Para entender un poco el contexto del edificio de Diller y Scofido, las temáticas de cada uno de los emplazamientos eran Naturaleza y Artificio, en el emplazamiento de Neuchâtel, Yo y el Universo, en el de Yverdon-les-Bains, precisamente el emplazamiento del Blur Building, Instantes y Eternidad en el de Murten, El Poder de la Libertad en el de Biel y Sentido y Movimiento en la plataforma móvil.

A tenor del tono postmoderno de los enunciados temáticos, uno podría temerse lo peor, y con la inquietud de aquellos que vivimos en Barcelona el Forum 2004, entendemos la falta de nitidez de afirmaciones más cercanas a un comisario de arte contemporáneo de segunda categoría que a una voluntad, muy del siglo XIX todo hay que decirlo, de exaltación de valores nacionales, o humanísticos.

Sea como fuere, el pabellón de Diller Scofido tenía un programa muy específico, un lugar de encuentro en medio de la niebla, rematado en lo alto por un bar de Aguas y un mirador. Al edificio se accedía por una pasarelas suspendidas encima del agua y se llegaba de forma inquietante a, literalmente hablando, una nube, es decir una forma/no forma blanquecina de agua micropulverizada que semejaba una nube anclada en medio del lago. La idea era que cada persona, al ingresar a la nube, iba provista de un braincoat, un impermeable que atesora datos personales del visitante que permite la identificación de cada persona, una especie de cloud computing física y virtual. Una vez dentro, y teniendo en cuenta que la niebla producida por el agua pulverizada no deja ver quien estaba a tu lado, un dispositivo iba cambiando de color según la compatibilidad de sujeto que tenias a escasos metros. En definitiva una especie de artefacto/instalación, un espacio publico tecnológico, y un edificio sin forma.

La coherencia y nitidez de la propuesta de edificio, estructura, programa, climatología, fachadas, etc se corresponde con un edificio nítido de planteo, preciso en la ejecución y no desprovisto de una poderosa poética, vistas las imágenes del artefacto. Otra tema muy diferente es el sentido final de una operación global de exaltación nacional como es una Exposición de un país, por muy difusas, borrosas y bienintencionadas que sean las tematizaciones de cada zona y el mensaje final de unos fastos similares.

En definitiva una viaje de ida y vuelta que empieza con un enunciado general de la Exposición Suiza muy borroso, en el peor sentido de la palabra, un planteo de proyecto muy nítido, y una formalización literalmente de nuevo borrosa, aquí en el buen sentido de la palabra.

Me parece especialmente interesante, por ser un ejercicio descarnado de praxis profesional, el libro que Diller Scofido editaron como celebración del fin de la pesadilla que supuso el proyecto. El libro en cuestión, que por supuesto se titula Blur: The Making of Nothing,[1] es más bien un diario de bitácora, con los faxes, las conversaciones y los conflictos de toda índole, que se sucedieron de un lado al otro del atlántico a medida que el edificio avanzaba.

Quería simplemente remarcar aquí con la explicación de este ejemplo, de lo nítido que puede llegar a ser lo borroso y como las palabras de Carlos Pereda me hicieron pensar en la necesidad de incorporar y ejercer en la crítica arquitectónica la idea y la complejidad de lo nítido, ya sea como sustantivo, como usado en la forma de un adjetivo, o incluso como adverbio.

En resumen, la idea de lo nítido se asemeja en la forma que Carlos la usa, a la idea de afirmación. Siempre he creído que cualquier proyecto debe empezar por una afirmación contundente, ya tenga esta su origen en el programa, en la dimensión, en la expresión o lo que tenga o deba ser. Cuanto más clara y contundente es esa afirmación, cuanto más nítida, más estructural puede ser el desarrollo del discurso arquitectónico del proyecto.

Reconozco que hablar de lo nítido, es hablar de forma elegante. Hablar de lo afirmativo o lo contundente remite a una cierta violencia. Hablar de lo nítido hace referencia a lo limpio, a la definición de forma clara y precisa. Un proyecto nítido, como hemos visto antes, no conlleva necesariamente unas formas nítidas si entendemos estas como geometrías simples y banales dispuestas en el proyecto. Un proyecto nítido puede resolverse perfectamente de forma híbrida, mestiza e incluso bastarda, como provocativamente me gusta espetar de vez en cuando.

Hace poco leía de nuevo acerca de la arquitectura radical. Me gustó otra vez la asociación de la pareja arquitectura y radical, es decir, de arquitectura que no hacia concesiones.

Lo nítido en este contexto, me parece igualmente radical. Seamos nítidos pues.

La imagen del post se puede encontrar en http://www.archello.com/en/project/blur-building/image-5. Fotografía de Beat Widmer

[1] DILLER, Elisabeth, SCOFIDO, Richard, Blur: The Making of Nothing, Editorial Harry N. Abrams, New York, 2002

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