Back To Jacobs

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Back To Jacobs

A principios de la década de los 60, Jane Jacobs vivía en la calle del Hudson, en Greenwich Village New York, cerca de la intersección de la octava avenida y de la calle Bleecker. Era entonces un distrito encantador de viviendas del siglo XIX, repleto de bares y tiendas, distribuidas sobre una rejilla irregular. En su obra de 1961, The Death and Life of Great American Cities, Jacobs reproduce la atmosfera de la White Horse Tabern al final de la manzana donde vivía, hogar de estibadores de puerto Irlandeses, escritores e intelectuales donde en las noches de invierno al abrir las puertas, una sólida ola de animadas conversaciones surgía al exterior hasta golpearte. En la calle Hudson estaba el señor Slube, del estanco, el señor Lacey, el cerrajero, y Bernie, el dueño de la tienda de caramelos, que, en el curso del día, supervisaba a los niños cuando cruzaban la calle, prestaba un paraguas o un dólar a un cliente, guardaba las llaves o algunos paquetes de la gente del vecindario, y dio una conferencia a dos jóvenes que pidieron cigarrillos. En la calle había bultos y paquetes zigzageantes que iban de la farmacia al puesto de la fruta y de vuelta al carnicero, y a los adolescentes, perfectamente vestidos, se detenían brevemente para preguntar si sus cuellos estaban derechos. Era, ella decÍa, un ballet urbano. El milagro de la calle del Hudson, según Jacobs, fue creado por la configuración particular de las calles y de los edificios del vecindario. Jacobs argumentaba que cuando un vecindario se orientaba hacia la calle, cuando las aceras se utilizaban para socializarse, jugar y comerciar, los usuarios de esa calle se transformaban debido al estímulo que resultaba de crearse relaciones y contactos ocasionales que nunca tendrían de otra manera. El West Village, señalaba, fue bendecida por una mezcla de casas y apartamentos, de tiendas, oficinas e industria, y eso significaba que siempre había gente fuera, en la calle, en diversos horarios y usando el lugar para diversos propósitos. Tenía manzanas –blocks- cortas, y eso genera mayor variedad de tráfico peatonal. Tenía muchos edificios viejos, y los edificios viejos tienen alquileres bajos que permiten usos creativos e individualizados. Y, sobre todo, tenía gente, gente conviviendo codo con codo de toda clase social concebible. Los suburbios poblados pueden parecer atractivos, decía, pero sin una vida activa de la acera, sin interacciones frecuentes, casuales, de mucha gente diversa, no hay conocimiento de lo público, ninguna fundación de la confianza en lo público, ninguna conexión cruzada con la gente y ninguna práctica en la aplicación de técnicas de vida pública urbana en sus niveles más básicos.[1]

Así es como empieza un artículo de Malcolm Gladwell para el periódico The New Yorker, de diciembre del año 2000. Y ésta es la visión que una parte de la crítica especializada y del público iniciado, especialmente anglosajón, tiene de Jane Jacobs, una romántica del hecho urbano. Sin embargo, esta imagen dista mucho de los contenidos de fondo del famoso The Death and Life of Great American Cities.

Una lectura atenta nos revelará que tras unas descripciones un tanto ingenuas en ocasiones, o demasiado autorreferenciales en otras, se esconde una avalancha de datos demoledores que dan al traste con el sueño suburbano americano, cuyo origen, en parte, proviene de la Ville Radieuse de Le Corbusier, si bien hay que tener en cuenta un gran factor de corrección, o de deformidad, entre las ideas originales de Le Corbusier y las aplicaciones mastodónticas y pervertidas que ya en esas décadas empezaban a construirse por el territorio norteamericano. Por otro lado, de la narración de Jacobs florece una auténtica enmienda a la totalidad de statu quo de la época en torno al urbanismo norteamericano y a la vez una visión de otra realidad posible, extraordinariamente afinada, basada en la naturaleza compleja de lo urbano que tanto éxito está teniendo en la actualidad,[2] cuando a la complejidad física de lo urbano se le ha sumado la complejidad virtual que conllevan las redes de información y conocimiento.

*La imagen del post se puede encontrar junto con el texto siguiente: Cities, Jane Jacobs famously observed, offer “a problem in handling organized complexity.” In her first and still most famous book, The Death and Life of Great American Cities, published in 1961, Jacobs argued that cities are not chaotic or irrational; they are essentially systems of interrelated variables collected in an organic whole. The challenge, she wrote, was to sense the patterns at work in the vast array of variables. Something similar could be said for writing about cities. How does one coax the thread of a narrative from the scrum and fray of urban life?

Para más información ver http://douglashaddow.tumblr.com/post/464272281


[1] GLADWELL, Malcolm, Designs for working; Why your bosses want to turn your new office into Greenwich Village, The New Yorker, 11 de Diciembre del 2000

[2] Es bien curioso como un gran número de teóricos, urbanistas y actores de lo urbano contemporáneos han vuelto sobre los pasos de Jacobs por todo el mundo. Por poner solamente un ejemplo de los múltiples y variados que existen, reseñar el muy interesante libro de Steven Johnson Sistemas Emergentes; O que tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Ed Turner/Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2007

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