La Bella y la Ética

axonometrica 0077 LA BELLA Y LA ETICA

La Bella y la Ética

Ya hace tiempo que en las diferentes reflexiones y los diferentes textos que se deslizan por aquí, se nota a faltar una ausencia. Los que conocen la nube de ideas que envuelven los textos que cada lunes amanecen en este blog, ya saben que la controvertida figura de Robert Venturi, es una pieza clave en el relato de la complejidad.

Solamente por el archiconocido Complejidad y Contradicción en Arquitectura,[1] Venturi ya tiene un lugar en el olimpo de la historia de la arquitectura.

Complejidad vs Simplificación, Contradicción vs Pintoresquismo

Aparte de Un suave manifiesto a favor de una arquitectura equívoca, una introducción deliciosa que con el tiempo se ha convertido en la piedra angular del cambio de fase histórico de la modernidad hacia la postmodernidad, ¿qué tiene de reflexión sobre la complejidad este libro, fundamental en la historia de la arquitectura?

En el capítulo La complejidad y la contradicción versus la simplificación y el pintoresquismo, Venturi intenta contraponer dos parejas de opuestos para centrar los conceptos principales del libro. En realidad este capítulo, funcionaría mejor como prólogo o como introducción, que no la introducción que hace Vincent Scully.

Este capítulo empieza con una crítica a la visión simplificadora e incluso simplista del movimiento moderno, es decir empieza a definir la complejidad a partir del entendimiento de su opuesto, la simplicidad. Venturi empieza justificando tal espíritu de simplificación por la necesidad de los arquitectos modernos ortodoxos de romper con la tradición y empezar todo de nuevo, de forma que con esta voluntad inicial idealizaron lo primitivo y elemental a expensas de lo variado y sofisticado.

Venturi vuelve a cargar contra el purismo y el puritanismo del movimiento moderno, como ya lo hizo también Jacobs al inicio de The Death and Life of Great American Cities.[2] Parece que en los 60 se estructura y se consolida realmente una crítica al movimiento moderno alrededor de un cierto status quo. No solamente en estos dos autores crece la crítica, sino ya los situacionistas, y posteriormente todo el coro de voces de los 60 arremete contra el movimiento moderno en parecidos términos.

Para contraponer la complejidad y la contradicción a la idea de lo puro, Venturi se apoya en dos citas, una de Frank Lloyd Wright que hizo su famoso –y pretencioso- lema La verdad contra el mundo y que en un momento de su vida escribió: Tuve unas visiones de simplicidad tan amplias y grandes y se me aparecieron unos edificios de tal armonía que… me convencí que cambiarían y profundizarían el pensamiento y la cultura del mundo moderno. Así lo creí. [3] La otra cita es del inevitable Le Corbusier que como uno de los fundadores del purismo, hablaba de las grandes formas primarias de las que decía que eran diferentes… y no tenían ambigüedad.[4]

Para Venturi la justificación de su interés por la complejidad es sencillo pues al mismo tiempo que los problemas aumentan en cantidad, complejidad y dificultad también estos evolucionan más rápidamente[5] que antes, y se apoya en una contracita, para contrarrestar las dos anteriores, de August Heckscher el paso de una visión de la vida esencialmente simple y ordenada a una visión de la vida compleja e irónica es lo que cada individuo experimenta al llegar a la madurez. Pero ciertas épocas animan este desarrollo; en ellas la perspectiva paradójica o teatral, colorea el escenario intelectual… El racionalismo nació entre la simplicidad y el orden, pero el racionalismo resulta inadecuado en cualquier periodo de agitación. Entonces el equilibrio debe crearse en lo opuesto. La paz interior que los hombres ganan debe suponer una tensión entre las contradicciones e incertidumbres… Una sensibilidad paradójica permite que aparezcan unidas cosas aparentemente diferentes y que su incongruencia sugiera una cierta verdad. [6]

Agitación y Paradoja

De este texto referenciado por Venturi cabe destacar dos conceptos que van repitiéndose en la lógica de lo complejo. Por un lado una clara consciencia de que la época que había tocado en suerte vivir a varios autores contemporáneos de Venturi, era un periodo de agitación. Los 60 definitivamente fueron unos años de cambio drástico, una década que marca un antes y un después, y eso está presente en el ímpetu y el ánimo de la mayoría de los autores con voz propia del momento.

Por otro lado la idea de lo complejo parece sustentarse en parte en la idea de lo paradójico y lo irónico, es decir, en dos mecanismos del intelecto que refutan cualquier sentido de verdad en términos categóricos. Quizás sea una interpretación mia, pero uno de los componentes importantes de la década de los 60 es la manera como definitivamente se destapa el tarro de las esencias del relativismo, dando al traste definitivamente con la escolástica, [7] con los rígidos planteamientos ideológicos de la modernidad post-revolucionaria de principio de siglo y con el encorsetamiento general de una sociedad, que no sin cierta perplejidad, observará como se desatan todas las costuras de un mundo hasta entonces dibujable y explicable mediante argumentos simples y lineales. Efectivamente en los 60 no solamente se desatan las costumbres, se desata también el intelecto, una manera de pensar lejos de la linealidad que de manera natural asume el concepto de lo complejo como base de sus razonamientos y operativamente echa mano de la ironía y la paradoja para avanzar en una senda que perfectamente podemos rastrear en múltiples ramificaciones en nuestros días.

Contra Mies

Venturi vuelve a la carga con Mies. Para entender la persistencia de los razonamientos a favor de la simplificación, el autor está convencido de que la clave está en la famosa paradoja Menos es Más Miesiana, que al igual que un mantra ha ido calando en el acervo arquitectónico. Sin embargo esta visión simplista de la realidad y de la arquitectura, debe pagar un alto precio. Venturi recurre a Paul Rudolph para explicar el truco, la trampa, que Mies teje en sus proyectos para conseguir la apariencia de sencillez:

 Todos los problemas nunca pueden ser resueltos… Verdaderamente es una característica del siglo XX que los arquitectos sean muy selectivos al determinar qué problemas quieren resolver. Por ejemplo, Mies construye edificios bellos sólo porque ignora muchos aspectos de un edificio. Si resolviese más problemas, sus edificios serían mucho menos potentes. [8]

Quizás aquí hemos descubierto que la fascinación por Mies, al igual que un gigante con pies de barro, se configura a partir de unos resultados arquitectónicos potentes que llevan implícito una traición inicial y pretendida por el arquitecto: la imposibilidad de resolver todos los aspectos propios de un problema arquitectónico con el fin de no desmerecer el resultado estético final.

Un problema ético recorre la espina dorsal del movimiento moderno. Según Venturi, la manera exclusiva como Mies aborda los problemas a resolver son tanto su limitación como su fuerza, ahora bien, esta actitud corre el riesgo de separar la arquitectura de la experiencia de la vida y las necesidades de la sociedad. [9]

La Bella y la Ética

No cabe pensar una crítica mayor a un arquitecto que tildarlo de falta de rigor, de falta de ética con las necesidades de una sociedad. Hoy día parece que lo hemos visto por fin con claridad. Aquí descubrimos los males de una arquitectura esclavizada por su propia estética, sometida al vicio de su belleza, hasta el punto de romper el contrato básico que todo arquitecto contrae con la sociedad en el mismo momento que ésta lo reconoce como arquitecto. Evidentemente en una posición de este tipo, no cabe el fragmento, la contradicción, la improvisación, ni la tensión que surge cuando se tienen en cuenta todos los problemas y se intenta darles respuesta. En estos párrafos, es posible que Venturi haya resumido el nudo gordiano de la modernidad.

Solo es posible ser modernos si somos selectivos con los problemas a tratar, si simplificamos nuestra lectura del mundo a un selectivo ramillete de problemas y despreciamos los demás. Esta falta de rigor de la modernidad con la realidad se hace insoportable a medida que la sociedad se hace más sofisticada, más compleja y menos lineal, hasta que explota en la década de los 60. Sin embargo, cuatro décadas más tarde, todavía hoy, este trampa sigue instalada en la producción contemporánea. ¿hasta cuando?

El fin de la modernidad, el descredito de una manera de mirar el mundo, su derrumbe, empieza el mismo día que se asume la realidad como algo complejo, matizable, sofisticado, contradictorio, fragmentario, mestizo, etc.

Ciertamente, este fin de la modernidad ha tomado muchas caras, desde los 60 hasta ahora, y a medida que se van sumando las reflexiones y los proyectos, cada vez surge con mayor fuerza la duda de si la postmodernidad ha existido nunca. Aún más, podría llegar a argumentarse que con la convulsión actual de un mundo acelerado hasta la sinrazón, las voces que reclaman un poco de sentido común, una especie de back to basics, son las verdaderamente revolucionarias, y las que abren de par en par las puertas de una postmodernidad incipiente, la que empieza por ejemplo, hoy mismo.

En arquitectura hacer compatible el rigor ético de un servicio a la sociedad fundado en relatos y razonamientos de calado, no puede ser incompatible con la concepción de lo bello. La Bella y la Ética deben de ir de la mano, de forma que ninguna subyuga a la otra. Este y no otro es nuestro cometido. Tan simple y tan complejo a la vez.

*En la imagen del post: Alexander Calder con su circo. Paris, 1929. Fotografía de Andre Kertesz


[1] VENTURI, Robert, Complejidad y Contradicción en la Arquitectura, Gustavo Gili, Barcelona, 1972 (1966)

[2] JACOBS, Jane, The Death and Life of Great American Cities, Modern Library Edition, Random House, 1993, (1961), Nueva York

[3] WRIGHT, Frank Lloyd, An American Architecture, Horizon Press, Nueva York 1955, p. 207.

[4] LE CORBUSIER, Towards a New Architecture, Architectural Press, Londres, 1927 p. 31. Título original Vers une Architecture.

[5] Es interesante la introducción de la idea de tiempo, uno de los factores fundamentales de la contemporaneidad y tema esencial en la arquitectura y en tantas otras disciplinas.

[6] HECKSCHER, August, The Public Happiness, Atheneum Publishers, Nueva York, 1962, p. 102.

[7] Entiéndase aquí por escolástica más bien una metáfora que no el movimiento teológico y filosófico de la Edad Media. Esta metáfora al igual que el movimiento de revelación cristiana tiene como fundamentos el principio de autoridad, y el sometimiento de la razón a la fe. Es en el sentido de la rigidez de estos principios que la idea de escolástica viene a clarificar y enfatizar el sentido de lo expuesto.

[8] RUDOPH, Paul, “Paul Rudolph. For Perspecta”, Perspecta 7, The Yale Architectural Journal, New Haven, 1961, p. 51.

[9] Op. Cit., VENTURI, 1972 (1966), p. 28.

Comments
2 Responses to “La Bella y la Ética”
  1. ikpitan dice:

    Que duda cabe que la mayoría de los ejercicios de los “maestros” fueron en gran medida obras “documento”, y como tales, pusieron énfasis en aquellos aspectos “novedosos” que necesitaban destacar. El “ciclo ético” no creo que se cerrara en ellos; la proyección y difusión de sus trabajos por el mundo debería de ser el que diera buena cuenta de la “validez” ética de sus investigaciones. Habría que distinguir entre arquitectos “activos” (propositivos) y la inmensa mayoría de la profesión que son “reactivos”. Éstos, ajustan las nuevas proposiciones a la optimización de los problemas con el mejor de los oficios.
    Hecha esta salvedad, honestamente deberíamos de dirigir nuestra mirada escrutadora a la ingente cantidad de obras sin firma reconocible que se extiende por todo el planeta. Trabajar en el sistema, para la mayoría de los mortales no significa buscar detonantes de futuras “emergencias”, mas bien se trata de trabajar en la estabilidad dinámica del sistema que justifica la oportunidad de la mayoría de las intervenciones.

    Un saludo y enhorabuena.

    Ignacio Capitán Carmona

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  1. […] El los textos que se van desgranando en este espacio de investigación sobre la teoría de la arquitectura, el concepto de belleza ha sido múltiples veces convocado. Como si se tratara de sesiones de espiritismo, la belleza, esa especie de inmaterialidad indescriptible, va surcando por los textos que aquí circulan, tanto en los propios como en las lúcidas contribuciones de amigos y sabios de la arquitectura, como el descriptivo y delicioso texto que me regaló Carlos Pereda con el imperativo #PonBellezaentuVida (https://axonometrica.wordpress.com/2014/01/27/contribuciones-carlos-pereda-y-oscar-perez-ponbellezaentuvida/), o el explícito también Lo Bello y Lo Siniestro (https://axonometrica.wordpress.com/2013/04/01/lo-bello-y-lo-siniestro/), o también el texto La Bella y la Ética. (https://axonometrica.wordpress.com/2013/09/30/la-bella-y-la-etica/) […]



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