Encuentros; Venturi y Eisenman

axonometrica 0065 ENCUENTROS

Encuentros; Venturi y Eisenman

Eisenman y Venturi tienen trayectorias bien diferentes. No hace falta demostrar nada para sostener tal afirmación. Puede decirse que representan dos escuelas de reflexión sobre la arquitectura casi opuestas. Y sin embargo ambos fueron determinantes a la hora de dar un paso más allá de la modernidad.

Eisenman es esencialmente sintáctico, busca en la raíz de lo conceptual los nutrientes para reflexionar sobre la forma arquitectónica. Desarrolla un amplísimo trabajo sobre la forma por sí misma, aislándola de toda influencia del entorno y poco a poco va abriendo su proceder teórico al ámbito del lugar donde la arquitectura se aposenta. Todo este trabajo siempre lo realiza a partir de conceptos, de sintagmas, que en estado puro consiguen aislar y apartar la subjetividad del arquitecto del proceso de decisiones proyectual.

En Venturi podríamos decir que todo su trabajo se estructura sobre una manera de entender la arquitectura totalmente opuesta. Todo es interpretación, todo es signo. La teoría de Venturi se sustenta a partir de la capacidad del proyectista de leer el entorno y ese entorno es lo que dará contenido al proyecto. El lugar, el solar, allí donde la arquitectura tendrá lugar, está plagado de símbolos y referencias de la cultura popular, al que el arquitecto debe necesariamente dar cabida. Todo parece tener sentido desde lo externo y lo interpretativo.

Sin embargo, Eisenman y Venturi han tenido algunos encuentros remarcables. Las coincidencias más evidentes son aquellas que venían dadas por el tiempo en que empezaron su actividad. En ambos se puede leer un posicionamiento totalmente contrario al Movimiento Moderno. Ambos están totalmente de acuerdo que lejos de una posible puesta al día de los preceptos de la modernidad, tal como intentaron el team X, la evolución de la sociedad sus necesidades y demandas, no podían ser satisfechas por una manera demasiado rígida de entender la ciudad y la arquitectura. La moral del Movimiento Moderno se hacía asfixiante a ojos de ambos y lo que realmente era necesario era un replanteo en profundidad de la manera en como la arquitectura debía pensarse, proyectarse y finalmente construirse.

No es extraño que este diagnóstico compartido provocara una reflexión tan profunda, había una condición de necesidad. Era necesario renovar todo el argumentario sobre el que descansaba la arquitectura. Sin embargo, no tenía por qué ser evidente que ambos autores apostaran por la complejidad como eje vertebrador de su apuesta intelectual. En el caso de Venturi la complejidad proviene de la absorción por parte de la arquitectura de la constelación simbólica de la cultura popular. Por parte de Eisenman, la complejidad proviene de una aplicación rigurosa y reflexiva de lo conceptual en la geometría de la arquitectura. Las propuestas de ambos dan como resultado arquitecturas bien diferentes, pero la idea de complejidad se convierte en una idea-fuerza durante toda su trayectoria vital, profesional y teórica.

Para afinar en esta declaración previa, cabe decir que la actitud de ambos arquitectos de superar el Movimiento Moderno no prefigura una aniquilación total. Una de las coincidencias más remarcables es la referencia de Le Corbusier como punto de partida en sus trabajos.

En Venturi puede verse como en el prólogo de Complejidad y Contradicción en Arquitectura, Vincent Scully desarrolla todo una argumentación para trazar un cierto paralelismo intelectual entre Le Corbusier y Venturi. Sin que Venturi lo haga explicito de viva voz durante el libro, Scully da a entender que Venturi es el heredero natural de la obra intelectual de Le Corbusier aduciendo paralelismos vitales, enemigos comunes, toda la Bauhaus al completo y toda la degradación formal de un Movimiento Moderno más cercano en su origen a Mies Van der Rohe que a ningún otro autor, y ciertas actitudes heroicas que Scully se encarga de remarcar. Es evidente que Venturi está de acuerdo con ese lectura le corbusierana de su trayectoria, pues el prólogo ha seguido intacto en cada nueva edición.

En el caso de Eisenman podemos encontrar una referencia evidente al papel fundamental de Le Corbusier en su trabajo, en la reseña de Cynthia Davidson para el libro Tracing Eisenman,[1] donde da por hecho una cierta lealtad a la estética del Movimiento Moderno por parte del arquitecto, conjuntamente con sus compañeros del grupo the new york five, John Hejduk, Michael Graves, Charles Gwathmey y Richard Meier.

Ciertamente las raíces del trabajo de Eisenman se hunden en Le Corbusier, aunque quizás no sea así sencillamente por lealtad estética al Movimiento Moderno, sino por una expresa sumisión. En la tesis doctoral de Eisenman hemos visto como el autor hace una declaración expresa al decir: la premisa de este argumento, la existencia de un lenguaje formal en arquitectura, deriva específicamente de la discusión de la forma de Le Corbusier. De hecho esta tesis puede ser pensada como una investigación y una interpretación de las bases conceptuales de ‘las cuatro composiciones’ ilustradas en las Oeuvre Complete.[2]

No hace falta decir nada más.

Para ambos autores, la figura de Le Corbusier viene a ser una especie de cota 0 sobre la que elevar su trayectoria intelectual, reflexiva y proyectual, si bien es interesante observar como el ingente trabajo posterior de ambos autores los ha llevado por vías muy diferentes.

Otra coincidencia menor, pero en cierta medida derivada de esta última, es como la condición originaria de la figura de Le Corbusier asumida por los autores no se traduce en una explícita admiración por su obra en forma de estudios específicos. Si algún maestro tenemos que reconocer en Venturi este es Louis Kahn. Cierto es que Venturi y Kahn coincidieron y que la figura de Kahn era en tiempos incluso más grande que la figura del mismísimo Wright, pero también es cierto que en ocasiones, al leer a Venturi da la sensación que añora o incluso envidia la figura de su mentor. Y también puede decirse alguna cosa a la inversa.

En la interesante tesis doctoral de Sam Rodell defendida en el año 2008 y presentada en la Washington State University de título The Influence of Robert Venturi on Louis Kahn,[3] se puede comprobar que aparte de la lógica influencia de Kahn en Venturi, lógica por la edad, por el hecho de que Venturi trabajó en el despacho de Kahn y lógica por tratarse en un principio de la influencia de un reconocido maestro, Kahn, sobre un emergente arquitecto, Venturi, existe un cambio de papeles y es finalmente Venturi quien tiene una gran influencia en Kahn.

Esta influencia se basa a criterio de Rodell en sacar a Kahn del marco del Movimiento Moderno en que Kahn se encontraba, ayudando al maestro. Según Rodell en tanto que el trabajo de Kahn empezó a madurar en los últimos años de su carrera, empezaron a surgir aspectos cruciales de la actual y distinguida marca de su arquitectura, que pueden ser trazadas a partir de la intima exposición a las emergentes teorías de Venturi.[4]

De todas maneras, la figura de Kahn, ya sea de ida, como de vuelta, forma parte indiscernible del pensamiento de Venturi, y acompañará a éste durante toda su vida.

Por otro lado de fijación obsesiva podemos calificar el estudio sobre la obra de Terragni que desarrolla durante toda su vida Eisenman. Ya en su tesis doctoral, Terragni surge como ejemplo a la hora de diseccionar la forma de la arquitectura. De entre las obras de Terragni, es claramente la Casa del Fascio aquella que obsesiona al autor, consagrándole miles de horas a su estudio y produciendo artículos, diagramas y uno de los libros de arquitectura más exquisitamente publicados, Giuseppe Terragni; Transformations, Decompositions, Critiques.[5]

El libro elaborado durante cuarenta años por Eisenman se centra en dos obras maestras de Terragni, la inefable Casa del Fascio, 1933-1936, y la Casa Giuliani-Frigerio, 1939-1940, ambas en la ciudad Italiana de Como. Con más de quinientos diagramas y fotografías de archivo este ingente trabajo responde a lo que Eisenman llama una lectura crítica y textual de ambos edificios. El autor ensancha en este libro la definición de lo formal a partir de una acotada visión de lo estético y lo compositivo que incluye en primer lugar lo conceptual y en segundo lugar lo textual.

Es a partir de lo textual que Eisenman estructura toda una idea de lo crítico en arquitectura. El libro se basa también en planos originales de Terragni encontrados entre 1962 y 1963 en la oficina del arquitecto en Como. Igualmente en el libro se transcribe un texto de Terragni Construyendo la Casa del Fascio en Como y otro de Manfredo Tafuri Giuseppe Terragni; Sujeto y Máscara.

Como no puede ser de otra manera el libro, al igual que toda la obra de Eisenman es de un rigor extremo y de una profundidad y a la vez aspereza intelectual sobrecogedora. La relación idílica que mantiene Eisenman con Terragni es, al igual que Kahn con Venturi, un compañero de viaje para toda una vida.

Por último cabe pensar que en la disparidad del sentido de complejidad en ambos autores, alguna cosa tendrá que ver la influencia de estos maestros de la arquitectura, pero eso debería ser motivo de otra argumentación.

Otro de los sitios comunes entre Venturi y Eisenman es la importancia del lugar como origen del proyecto de arquitectura.

En la tesis doctoral de Venturi el tema central era precisamente este. En la contribución que escribe con el título Context in Architectural Composition; Excerpts from M.F.A. Thesis, Princeton University, dentro del libro Complexity; Design strategy and World view, dice literalmente: la intención de esta tesis es demostrar la importancia y el efecto de la escena en un edificio… el problema de la Tesis en pocas palabras es que, es el lugar lo que da al edificio expresión; es el contexto lo que da sentido a un edificio.[6]

Toda la obra de Venturi tiene como origen el lugar y por tanto un potente sentido de lo específico. De hecho Venturi usa el lugar para catalizar la necesaria relación de la arquitectura con la cultura popular.

En Eisenman el lugar acaba siendo también un lugar central. Ya sea por la densidad teórica del autor o por su compleja estructura conceptual, el caso es que Eisenman llega a asumir la centralidad del lugar pasados unos cuantos años después de sus primeros escritos. En la línea argumental de su tesis doctoral, The Formal Basis of Modern Architecture, Eisenman cree firmemente en un final abierto de cualquier teoría, es decir, un proceso evolutivo de la razón aplicado a las ideas sobre arquitectura.

Esto significa que él mismo se somete a una manera de pensar abierta y por tanto sujeta a evoluciones a la hora de entender la arquitectura. Es por ello que mientras al principio sus intereses se centraban estrictamente en una reflexión en profundidad sobre la forma de la arquitectura a partir de sí misma, totalmente desconectada del entorno o el contexto, la evolución posterior de sus reflexiones lo llevaron allí mismo donde Venturi había recalado. El lugar como materia prima de la arquitectura.

Es evidente que la manera como es usada la noción de lugar de Venturi y la de Eisenman no tiene mucho que ver. Mientras Venturi entiende el lugar como aquel espacio que va a proveer de sentido simbólico a la arquitectura, Eisenman usará el lugar como fuente de información, para desenmascarar las líneas de fuerza que constituyen la razón de ser del lugar y su arquitectura.

En ambos el lugar es protagonista, es el paso cero de toda arquitectura posible y a la vez su uso podría decirse que es diametralmente opuesto. Mientras en Venturi es el registro documental de lo significante en Eisenman es el origen de lo sintáctico.

Lo perceptivo o lo conceptual, lo semántico o lo sintáctico, el continente o el contenido. Esta dualidad marca el balanceo entre estos dos autores que si bien se mantienen en las antípodas a la hora de pensar la arquitectura, curiosamente van recorriendo espacios comunes donde apoyar su lúcida visión teórica.

En definitiva es interesante como aún y la disparidad de cuerpos teóricos entre Eisenman y Venturi, existe una serie de ámbitos de coincidencia entre ambos arquitectos. Como en realidad, en esencia, éstos están hablando de lo mismo, la complejidad, el territorio por el que transitan conceptualmente es compartido en buena parte.

Podría decirse que Venturi y Eisenman son la cara y el envés de la idea de complejidad contemporánea.


[1] DAVIDSON Cynhia, Tracing Eisenman: Complete Works, Rizzoli International Publications, Nueva York, 2006.

[2] EISENMAN, Peter, The Formal Basis of Modern Architecture, publicado originalmente como tesis doctoral por el Trinity College de la Universidad de Cambridge en Agosto de 1963 y posteriormente reeditada en Lars Müller Publishers, Baden, 2006.

[3] RODELL, Sam, The Influence of Robert Venturi on Louis Kahn, tesis doctoral (inedita), Washington State University, Pullman, mayo 2008.

[4] Op. Cit. RODELL

[5] EISENMAN, Peter, Giuseppe Terragni; Transformations, Decompositions, Critiques, The Monacelli Press Inc., Nueva York, 2003.

[6] VENTURI, Robert, “Context in Architectural Composition; Excerpts from M.F.A. Thesis, Princeton University”, Complexity; Design Strategy and World view, Andreas GLEINIGER A., VRACHLIOTIS G. (ed), Birkhäuser, Basilea, Boston, Berlín, 2008, p. 15.

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