Autoorganización y Cibernética

axonometrica 0062 AUTOORGANIZACION Y CIBERNETICA

Autoorganización y Cibernética

Últimamente la noción de autoorganización ha tomado un cierto protagonismo en la concepción de la ciudad y la arquitectura, quizás a rebufo de la situación político/social actual. En cierto sentido puede sonar a quimera el hecho de que tanto, objetos como personas, tengan una tendencia hacia una organización no programada de antemano. Es más, sospecho que es una idea que pone especialmente nerviosos a aquellos que tienen como misión el control y el castigo, uno de los pilares de nuestra sociedad.

Lejos de banalizar el término, y asumiendo que la tecnología nos acerca cada vez más a modelos organizados de forma mucho más compleja, tanto la idea de autoorganización como la de cibernética, término madre de la idea de interacción,  deberían formar parte de nuestro vocabulario. El papel del arquitecto, tan cuestionado hoy, tendría que leerse como un estratega de dispositivos, tanto conceptuales como objetuales, que tuvieran siempre un final abierto, de forma que permitiera a la sociedad dar su última palabra en positivo a partir de un modelo interactivo. Algo así como dar una oportunidad a que nuestros diseños se impliquen de forma plena en el quehacer diario de la gente, y que a su vez, desde ese uso, poder mejorarlos.

La idea es que si pudiéramos incorporar más estrategia y menos sobrediseño, quizás conseguiríamos una cierta dosis de interactividad en nuestras ciudades a partir de sistemas abiertos y autoorganizados. Es por eso que me parece importante ir a las fuentes del concepto de autoorganización y de cibernética, que como veremos están íntimamente relacionados.

Mientras la noción de espontaneidad es muy antigua, esta solamente cristalizó en el término autoorganización en los años posteriores a la segunda guerra mundial en los círculos conectados al movimiento cibernético que aglutinaba un variopinto grupo de investigadores como el matemático Norbert Wiener, autor del libro Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine,[1] el también matemático de origen húngaro John Von Neumann, que entre otras investigaciones propuso la arquitectura de las computadoras tal y como se conoce ahora, el ingeniero y matemático Claude Shannon, que definió los conceptos matemáticos de la teoría de la comunicación, el autodidacta Stafford Beer, creador del Viable System Model, el físico Heinz Von Foerster, autor de la teoría del constructivismo radical y de la cibernética de segundo orden, el antropólogo y lingüista Gregory Bateson, que en 1972 recopiló sus estudios en el influyente libro Steps to an Ecology of Mind: Collected Essays in Anthropology, Psychiatry, Evolution, and Epistemology [2] y el reseñado en esta investigación Gordon Pask.

La primera aparición del término autoorganización surgió en 1947 en unos papeles del psiquiatra William Ross Ashby [3] y rápidamente fue adoptado por todos aquellos asociados a la teoría de sistemas en la década de 1960, pero no se convirtió en un lugar científico común hasta su adopción por parte de los físicos y, en general, de los investigadores de sistemas complejos en las décadas de los setenta.

Según la investigadora y doctora en psicología Samantha Diegoli:

El término autoorganización surgió en los años cincuenta cuando los cibernéticos comenzaron a construir modelos matemáticos para explicar la dinámica de las redes neuronales. Un primer modelo trataba de un modelo simplificado en forma de una red binaria de bombillas interconectadas que se encendían o apagaban de acuerdo con el resultado de una regla de conexión aplicada a la bombilla anterior. El sistema se iniciaba con parpadeos aleatorios, pero siempre llegaba a un punto donde se podían identificar patrones ordenados de parpadeos y hasta ciclos repetidos. A esta emergencia espontánea de patrones ordenados se le llamó autoorganización.[4]

El concepto de autoorganización entronca directamente con la Teoría General de Sistemas desarrollada en 1937 por Ludwig Von Bertalanffy, donde esbozó dicha teoría en un seminario de Charles Morris en la Universidad de Chicago y publicó más tarde en General System Theory: Foundations, Development, Applications [5] en 1969.

En el libro se estructura un cuerpo teórico, en realidad es una teoría de teorías, que partiendo del muy abstracto concepto de sistema, busca reglas de valor general aplicables a cualquier sistema y en cualquier nivel de la realidad. Estas teorías se conciben en términos de relaciones, contexto y conectividad de un todo, contrastando con el antiguo planteamiento de análisis de un sistema por sus partes.

Los aspectos más relevantes de la Teoría General de Sistemas son el cambio de foco que pasa de considerar las partes a considerar el todo, es decir, pasa a considerar los sistemas vivos como totalidades integradas cuyas propiedades no pueden ser reducidas a las de sus partes más pequeñas, de forma que las propiedades sistémicas surgen de las relaciones entre las partes que son responsables de establecer la organización del sistema, con el todo; el desarrollo de un proceso de pensamiento contextual donde existen diferentes niveles sistémicos, o sea, sistemas dentro de sistemas en los cuales cada nivel corresponde a un grado distinto de complejidad y la observación de un fenómeno en cierto nivel, revela propiedades que no existen en el nivel inferior y por consiguiente, no tiene sentido analizar las partes por sí solas, ya que sus propiedades dependen del contexto dentro del cual está actuando el entorno o el sistema mayor y finalmente, en la configuración de una estructura de redes se percibe que el cambio de las partes al todo puede también ser contemplado como el cambio de objetos a relaciones; la estructura en red representa el pensamiento no-lineal, donde no hay una estructura más básica o fundamental que otra, sino que están interrelacionadas como una red para formar la realidad compleja del todo.[6]

La Cibernética está íntimamente ligada a la Teoría General de Sistemas hasta el punto que se llega a considerar que su campo de estudio es el mismo. Sin embargo la Cibernética está más orientada al estudio del mando, el control, las regulaciones y el gobierno de los sistemas, mecanismos que permiten a un sistema mantener su equilibrio dinámico y alcanzar o mantener un estado. La Cibernética en definitiva es el estudio interdisciplinar de la estructura reguladora de los Sistemas, aplicable tanto a sistemas físicos como sociales.

La Cibernética es especialmente relevante cuando el sistema a estudiar está envuelto en un circuito cerrado de señales donde la acción del sistema en un entorno genera algún cambio en este último, y este cambio se manifiesta en el sistema vía información, es decir se obtiene un feedback, que causa algún tipo de cambio en el comportamiento del sistema. Por tanto el sistema y el entorno interactúan.

El grupo de científicos ligados a la cibernética antes aludidos, Shannon, Neumann, Bateson, Foerster, Pask, Beer y Wiener, se unieron para investigar la representación matemática de los mecanismos cerebrales. La atención central recaía sobre los patrones de organización, concentrándose en la riqueza de los patrones naturales y buscando una teoría de la vida, centrándose en el control a través de la programación o buscando el patrón común que está por detrás de los fenómenos vivos, describiéndolos holísticamente.

Sus descripciones de las semejanzas entre el funcionamiento del cerebro y del ordenador influyeron en el pensamiento cibernético sobre la cognición durante tres décadas.

La cibernética trató principalmente de crear modelos mecanicistas de sistemas vivos y sus mayores contribuciones vienen del proceso de comparar máquinas con seres vivos y sobre todo la cibernética se relaciona con todas las formas de comportamiento, independientemente que éstas estén muy lejos de ser regulares, determinadas o reproducibles.

En definitiva lo que la cibernética proporciona es algo más que una teoría o una línea de estudio, en palabras de William Ross Ashby lo que la cibernética ofrece es un marco donde todas las máquinas individualmente pueden ser ordenadas, categorizadas y entendidas.[7]

Es especialmente interesante el paralelismo que usa Ashby para poner en contexto la idea de cibernética y que reproduzco literalmente aquí:

La posición de la cibernética en relación a una máquina real, electrónica, mecánica, neuronal o económica, es parecida a como la geometría se posiciona en relación a un objeto real en nuestro espacio terrestre. Hubo un tiempo donde geometría significaba un tipo de relaciones susceptibles de ser demostrables en un objeto tridimensional o en un diagrama bidimensional. Las formas proporcionadas por la tierra, animal, vegetal y mineral, eran enormes en número y ricas en propiedades y aún así podían ser proporcionadas por una geometría elemental. En esos días una forma sugerida por la geometría pero que no pudiera ser demostrada en el espacio ordinario era inmediatamente sospechosa o inaceptable. El espacio ordinario dominaba la geometría.

Hoy, ese posicionamiento es claramente diferente. La geometría existe por derecho propio y por su propia fuerza. Actualmente puede procesar precisa y coherentemente un catálogo de formas y espacios que excede largamente de aquello que el espacio terrestre puede proveer. Hoy es la geometría la que contiene las formas terrestres, y no viceversa, en tanto que estas formas terrestres son meramente casos especiales del amplio espectro que abarca la geometría.

La posición ganada por el desarrollo de la geometría necesita ser mostrada. La geometría actúa hoy como un marco donde todas las formas terrestres pueden encontrar su lugar natural, y donde las relaciones entre diferentes formas se pueden apreciar rápidamente. A este crecimiento del entendimiento de la geometría le ha correspondido un aumento del poder de control.

La cibernética es similar en la relación con la máquina actual. Toma como sujeto de su propia esencia el dominio de “todas las posibles máquinas” y solamente está secundariamente interesada en saber si algunas de estas máquinas todavía no se han realizado ya sea por la mano del hombre o por la naturaleza.[8]

Este punto de vista tanto para la cibernética como para la geometría es especialmente interesante en tanto que refleja una cierta idea de independencia del objeto de estudio, del hecho de que exista realmente esa realidad, o no, llamémosle máquina, ciudad u objeto, sin duda un ejemplo de la visión avanzada y vanguardista de esos tiempos.

Corre el año 1956 cuando Ashby recopila sus textos en este libro y estamos a las puertas de un cambio de mentalidad a todos los niveles que permitirá relacionar la geometría y por tanto la arquitectura, la cibernética y por tanto la ciencia, con lo desconocido, lo indeterminado y lo difuso por intuido. Es más, tanto en el campo de la ciencia como en el de la arquitectura, el hecho de que no exista, permite la osadía de poder ser imaginado, proyectado y por tanto estudiado y enunciado, tal y como la generación de arquitectos utópicos y un numeroso grupo de científicos especialmente atrevidos, harán en los años 60, inaugurando así la era de la complejidad hasta nuestros días.

*La imagen del post es del cartel de apertura de la exposición Cybernetic Serendipity inaugurada en el ICA de Londres en 1968 y comisariada por Jasia Reichardt.

 http://www.medienkunstnetz.de/exhibitions/serendipity/


[1] WIENER, Norbert, Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine, The MIT Press, Cambridge, 1948.

[2] BATESON, Gregory, Steps to an Ecology of Mind: Collected Essays in Anthropology, Psychiatry, Evolution, and Epistemology, Chandler Publications and Co., San Francisco, 1972.

[3] Es especialmente interesante el archivo de William Ross Ashby cuyos originales manuscritos pueden ser consultados en http://www.rossashby.info/

[4] DIEGOLI, Samantha, El comportamiento de los grupos pequeños de trabajo bajo la perspectiva de la complejidad: Modelos descriptivos y estudio de casos, tesis doctoral de la División de Ciencias de la Salud, Facultad de Psicología del Departamento de Psicología Social de la Universitat de Barcelona, 2003, p. 45.

[5] VON BERTALANFFY, Ludwig, General System theory: Foundations, Development, Applications, George Braziller, Nueva York, 1969

[6] Para profundizar en esta teoría ver CAPRA, Fritjof, La trama de la vida, Anagrama, Barcelona, 1998, especialmente el capítulo 3: Teoría General de Sistemas.

[7] ASHBY, William R., An Introduction to Cybernetics, Chapman & Hall, Londres, 1956, p. 2

[8] Op. Cit., ASHBY, p. 2.

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