Spazialismo

0046 SPAZIALISMO

Spazialismo

No recuerdo el año, pero sí que recuerdo que era invierno. Abrí un libro sospechoso de la biblioteca de la universidad, muy bien surtida de escondrijos y libros equivocados, y me encontré con la imagen que ilustra este post, Concetto Spaziale Attese, 1968. En esos tiempos andaba obsesionado por Barragán, nada especialmente destacable para un alumno de tercer o cuarto curso. Sin embargo la imagen de la tela acuchillada de Lucio Fontana, abrió una herida en el concepto del espacio que me ha acompañado siempre. No hay absolutamente nada entre la apariencia espacial de Barragán y las telas heridas de Fontana, y sin embargo la coincidencia espacio temporal del momento, me lleva constantemente a asociar a Barragán con Fontana y viceversa. Quizás esta relación, también equivocada, se convierta en un post algún día.

Salto varios lustros hasta llegar a hoy. Recupero el Manifiesto Blanco[1] de 1946, precursor de la idea de Spazialismo. De nuevo, en un libro erróneo, dispuesto en un no-lugar, una mesa obsolescente en una casa extraña, la que últimamente acoge mis noches, encuentro este texto vital. Hay algo profundamente precario en este encuentro. Y sin embargo también hay algo especialmente pertinente.

Sin querer malograr la memoria del artista Italoargentino, procedo a destacar algunos de los puntos del anciano manifiesto, cambiando toda referencia al arte, por el de arquitectura. Él no me lo perdonaría nunca, lo sé, pero murió en 1968. Yo todavía estoy vivo. Aún así le pido disculpas.

Este ejercicio, de suplantación[2] simplemente consiste en cambiar la palabra arte por la palabra arquitectura. De esta manera tan sencilla, el texto se vuelve transgresoramente contemporáneo, es decir, de su tiempo, del tiempo de hoy, sea este el que decidamos que sea.

Veamos…

Estamos continuando la evolución de la arquitectura

La arquitectura se encuentra en un período de latencia. Hay una fuerza que el hombre[3] no puede manifestar. Nosotros la expresamos en forma literal en este manifiesto.

Por eso pedimos a todos los hombres de ciencia del mundo que saben que la arquitectura es una necesidad vital de la especie, que orienten una parte de sus investigaciones hacia el descubrimiento de esa sustancia luminosa y maleable y de los instrumentos que producirán sonidos, que permitan el desarrollo de la arquitectura tetradimensional.

Las ideas no se refutan. Se encuentran en germen en la sociedad, luego los pensadores y los arquitectos las expresan.

Todas las cosas surgen por necesidad y son de valor en su época.

Las transformaciones en los medios materiales de vida determinan los estados psíquicos del hombre a través de la historia.

Se transforma el sistema que dirige la civilización desde sus orígenes.

Los hallazgos desmesurados de la ciencia gravitan sobre esa nueva organización de la vida.

El descubrimiento de nuevas fuerzas físicas, el dominio sobre la materia y el espacio impone gradualmente al hombre condiciones que no han existido en toda la historia. La aplicación de esos hallazgos en todas las formas de la vida produce una modificación en la naturaleza del hombre. El hombre toma una estructura psíquica diferente.

Hoy, el conocimiento experimental reemplaza al conocimiento imaginativo. Tenemos conciencia de un mundo que existe y se explica por sí mismo, y que no puede ser modificado por nuestras ideas.

Necesitamos una arquitectura válida por sí misma…

La vida apacible ha desaparecido. La noción de lo rápido es constante en la vida del hombre.

La era arquitectónica de los colores y las formas paralíticas toca a su fin. El hombre se torna de más en más insensible a las imágenes clavadas sin indicios de vitalidad. Las antiguas imágenes inmóviles no satisfacen las apetencias del hombre nuevo formado en la necesidad de acción, en la convivencia con la mecánica, que le impone un dinamismo constante. La estética del movimiento orgánico reemplaza a la agotada estética de las formas fijas.

Invocando esta mutación operada en la naturaleza del hombre en los cambios psíquicos y morales y de todas las relaciones y actividades humanas, abandonamos la práctica de las formas de la arquitectura conocidas y abordamos el desarrollo de una arquitectura basada en la unidad del tiempo y del espacio.

La arquitectura nueva toma sus elementos de la naturaleza.

La existencia, la naturaleza y la materia son una perfecta unidad. Se desarrollan en el tiempo y en el espacio.

El cambio es la condición esencial de la existencia. El movimiento, la propiedad de evolucionar y desarrollarse es la condición básica de la materia. Esta existe en movimiento y no de otra manera. Su desarrollo es eterno. El color y el sonido se encuentran en la naturaleza ligados a la materia.

La materia, el color y el sonido en movimiento, son los fenómenos cuyo desarrollo simultáneo integra la nueva arquitectura.

La construcción de formas voluminosas en mutación mediante una sustancia plástica y movible.

Dispuestos en el espacio actúan en forma sincrónica, integran imágenes dinámicas.

Exaltamos así la naturaleza en todo su sentido.

La materia en movimiento manifiesta su existencia total y eterna, desarrollándose en el tiempo y en el espacio, adoptando en su mutación distintos estados de la existencia.

Concebimos al hombre en su reencuentro con la naturaleza, en su necesidad de vincularse a ella para tomar nuevamente el ejercicio de sus valores originales. Postulamos una comprensión cabal de los valores primarios de la existencia, por eso instauramos en la arquitectura los valores sustanciales de la naturaleza.

Presentamos la sustancia, no los accidentes. No representamos al hombre, ni a los demás animales ni a las otras formas. Estas son manifestaciones de la naturaleza, mutables en el tiempo, que cambian y desaparecen según la sucesión de los fenómenos. Sus condiciones físicas y psíquicas están sujetas a la materia y a su evolución. Nos dirigimos a la materia y a su evolución, fuentes generatrices de la existencia.

Tomamos la energía propia de la materia, su necesidad de ser y desarrollarse.

Postulamos una arquitectura libre de todo artificio estético. Practicamos lo que el hombre tiene de natural, de verdadero. Rechazamos las falsedades estéticas inventadas por el arte especulativo.

Nos ubicamos cerca de la naturaleza como nunca lo ha estado la arquitectura en su historia.

Nuestra intención es abordar en una síntesis todas las vivencias del hombre, que unidas a la función de sus condiciones naturales, constituya una manifestación propia del ser.

De este nuevo estado de la conciencia surge una arquitectura integral, en el cual el ser funciona y se manifiesta en su totalidad.

Concebimos la síntesis como una suma de elementos físicos: color, sonido, movimiento, tiempo, espacio, integrando una unidad físico psíquica. Color, el elemento del espacio, sonido el elemento del tiempo y el movimiento que se desarrolla en el tiempo y en el espacio, son las formas fundamentales de la nueva arquitectura, que contiene las cuatro dimensiones de la existencia. Tiempo y espacio.

La nueva arquitectura requiere la función productiva de todas las energías del hombre, en la creación y en la interpretación. El ser se manifiesta integralmente con la plenitud de su vitalidad

Por cierto, a mí también me pasa que cuando veo una fotografía de Lucio Fontana, creo estar viendo a Antonio Tabucchi.


[1] El Manifiesto Blanco, publicado como opúsculo en Buenos Aires en 1946, nunca fue firmado por Lucio Fontana, de hecho fue producido bajo su dirección por los estudiantes Bernardo Arias, Horacio Cazeneuve, Marcos Fridman, Pablo Arias, Rodolfo Burgos, Enrique Benito, César Bernal, Luís Coll, Adolfo Hansen y Jorge Rocamonte. A todos ellos les pido también disculpas.

[2] Es decir, literalmente cambio la palabra arte y todas aquellas palabras que hacen referencia al arte, por la de arquitectura. También he procedido a eliminar algunas partes del manifiesto por considerar que aportan relativamente poco a este ejercicio de transvestismo. He destacado en negrita los cambios para que aquellos conocedores del texto original puedan corroborar la honestidad de mi engaño.

[3] Me gustaría cambiar la palabra hombre por la palabra individuo, claramente más trans-genérica, pero me ha parecido demasiada manipulación. No hay que olvidar que el texto es de 1946 y la palabra hombre aludía a todos los géneros de su especie, ya fuesen del género masculino, femenino u otro. Es curioso que hoy esta palabra suene tan excluyente.

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