Nuevas herramientas proyectuales de referencia: HiperMaterialidad*

propostes per HiperMaterialitat

Nuevas herramientas proyectuales de referencia: HiperMaterialidad*

No hay arquitectura sin confianza en la materia.[1]

Introducción

Si entendemos la idea de materia en su forma filosófica, a saber, todo lo que existe fuera del espíritu e independientemente del pensamiento, o en otras palabras, la parte no espiritual y no ideal de lo real, tendremos una definición puramente negativa. Podemos quedarnos con esa definición y esbozar el papel de la materialidad en la arquitectura como un lugar de destino. Podemos fijar toda decisión de lo matérico como subproducto no pensado de decisiones previas, como pura consecuencia. Lo matérico, si seguimos estirando del hilo anterior, viene a ser todo aquello que no tiene conciencia, todo lo que no piensa, todo lo que está desprovisto de memoria, de inteligencia, de voluntad y afectividad.

Quizás esto valga para el pensamiento económico tradicional o tenga sentido para la metafísica, pero no pensamos que este precepto sea válido para la arquitectura. Y aún menos para la teoría de la arquitectura, como no lo es para la física contemporánea, que dota a la materia de capacidades pensantes, en el mismo momento que incorpora el vector tiempo, es decir de memoria, en su formulación a partir de la física cuántica. O por hacerlo mucho más sencillo, de la estricta condición material de la arquitectura, todos hemos sacado lecciones que tienen que ver con la memoria, la inteligencia, la voluntad y/o la afectividad. Quizás en términos aristotélicos la materia no piensa, pero sin duda la materia hace pensar, aporta no ya una parte marginal de la experiencia espacial, sino una parte central y estructuralmente constitutiva.

Avancemos un poco más. La definición de materialismo hace referencia a toda doctrina o actitud que privilegia, de una manera u otra, a la materia.[2] Aquí sí que la arquitectura puede empezar a sentirse reflejada. En cierta medida toda reflexión arquitectónica de valor tiene algo, o mucho, de materialismo, en tanto que ser materialista no consiste en negar la existencia del pensamiento, consiste más bien en negar el carácter absoluto y la independencia ontológica del pensar, su condición transcendente, que en el caso de seguir con este razonamiento, solo nos llevarían a Dios.

Materialidad y Contemporaneidad

Muy al contrario, la versión contemporánea del materialismo permite relacionar materia y pensamiento de una forma intrincada e indiscernible. Para hacerlo más fácil de digerir, de la misma manera que resulta absurdo decir que como doy un paseo, soy paseo, en una caricatura extrema de un idealismo feroz, también es absurdo decir que solamente pasean mis átomos, mi constitución física primordial, y el conjunto de reflexiones, afecciones y observaciones propias del acto de pasear, se dan en otra esfera, que no la del paseo mismo. En definitiva, hacer y pensar, pensar y ser en sí, vienen a estar tan interrelacionados que son uno, de la misma manera que pensar arquitectura y la arquitectura en sí misma, son inseparables.

Una vez asumido este marco básico, nos parece crucial dar cuenta de varios aspectos de la relación entre el cerebro y la mano, es decir de la relación indisociable entre el pensar y el hacer, entre el idealista y el materialista, que en definitiva, son uno. El hecho material de la arquitectura conlleva una preposición ética, que puede asimilarse a la voluntad pragmática del artesano de hacer las cosas bien. Y entender que si bien esta condición material de la arquitectura se centra específicamente en una esfera técnica, lo que en realidad se está produciendo en una estructura cultural.

En toda reflexión sobre la materialidad de la arquitectura deberíamos incorporar la conexión entre la mano y la cabeza, de la misma manera que todo buen artesano  mantiene un diálogo entre unas prácticas concretas y el pensamiento.[3] En este sentido, nos parece central establecer la relación primigenia de lo matérico y la significación material de la arquitectura como un espacio a la vez de reflexión y de acción, que parte de lo que Richard Sennett llama el desarrollo de la destreza, o lo que antiguamente llamábamos oficio. Para desarrollar un cuerpo de pensamiento cultural, pero también tecnológico, social, económico y político, a partir de la idea de materialidad debemos asumir en primer lugar que todas las habilidades, incluso las más abstractas, empiezan como prácticas corporales, y en segundo lugar, que la compresión técnica se desarrolla a través del poder de la imaginación. El primer argumento se centra en el conocimiento que se obtiene en la mano a través del tacto y el movimiento. El argumento acerca de la imaginación comienza con la exploración del lenguaje que intenta dirigir y orientar la habilidad corporal. Este lenguaje alcanza su máxima funcionalidad cuando muestra de modo imaginativo cómo hacer algo.[4]

HiperMaterialidades

Es desde esta doble perspectiva, la de un materialismo conceptual, y la de la implicación y el perfeccionamiento de habilidades, que queremos entender la idea de HiperMaterialidad como herramienta proyectual de referencia de la arquitectura. Es decir, lo material de la arquitectura es una materialidad repleta de propiedades, de capacidades y potencialidades que trascienden la concepción propia de aquello que el material es, y lanza lo matérico en arquitectura a una dimensión central para la constitución de significaciones. Lo HiperMaterial como herramienta tanto de la mano como del cerebro, del hecho arquitectónico en sí mismo, como de la construcción de la narrativa asociada a toda experiencia espacial.

Si entendemos que el tejido esencial de toda arquitectura, pero también de toda ciudad, es aquel con lo que físicamente está constituida, la idea de HiperMaterialidad pretende dar una vuelta de tuerca a esta obviedad. En realidad, hablamos aquí no solamente de piel y de las capas de una cierta consideración epitelial de la arquitectura, muy popular en los últimos 10 o 15 años, sino más profundamente, de lo construido, lo producido y lo real.

Pero hay más, a los materiales con propiedades, no solamente táctiles, evocadoras y ligeras, hay que sumar aspectos performativos, relacionales y emocionales. De hecho esta  corriente de reflexión no es nueva. En los años 60 irrumpe con fuerza la consideración de la naturaleza como actor central en el proceso proyectual del objeto arquitectónico, y por consiguiente su materialidad. La relación entre fondo y figura se fusionan en una lógica mucho más abierta, donde la figura es también fondo, y el fondo se transmuta en figura. La obra arquitectónica por tanto, no se concibe como un objeto material acabado sino que lo hace como un artefacto capaz de generar procesos e intercambios con el medio en el que se sitúa, desdibujando sus límites al permitir que el propio entorno actúe sobre ella. Se incorpora por tanto la incertidumbre y el cambio permanente presente en las condiciones del medio como elementos fundamentales de su concepción.[5]

En este punto se puede hablar de materiales con memoria de forma, biomiméticos, o biodigitales. La puerta se abre así a una materialidad tecnológica reactiva, capaz de intercambiar información a partir de las condiciones del entorno e inmediatamente cambiar alguna de sus características.

Pero también hay una posición, si bien no opuesta, si que como mínimo, alejada de la tecnología punta e igualmente válida. Es decir, de la materialidad genuina, término mucho más acertado que el de materialidad honesta. Nos referimos al uso de materiales y técnicas constructivas tradicionales basadas en la condición material en crudo, de manipulación minuciosa, de aspecto natural, donde el peso especifico del material, sea este ligero o pesado y la cercanía son sus valores constituyentes. Podríamos hablar así de una hipercontextualidad material. El uso de aquello que asociamos a lo tradicional no debe confundirse con una posición conservacionista en el peor sentido de la palabra. Lo que se pretende es por un lado proyectar desde lo cercano, pero proyectar contemporáneamente. El éxito de esta materialidad reside en la mínima alteración del  espíritu del lugar, de preservar una lectura si bien lineal, acertadamente relacionada con aquel lugar, siempre fijo, donde la arquitectura se implementa.

Por último quisiéramos destacar otra dimensión de la hipermaterialidad. Si asumimos que los procesos industriales forman parte inherente de la producción material, las soluciones constructivas, deberían hacerse a partir de una materia prima de ciclo. Nos referimos aquí a los materiales que transforman excedentes o productos de desecho de otros procesos de la industria y que tras una importante manipulación, se transforman en materiales re-ciclados. En este sentido el vector tiempo y la oportunidad de acceder a materia prima de rechazo, parece una acertada dimensión a tener en cuenta de esta nueva materialidad.

También con una lógica similar, pero alejada de componentes a veces falsamente ecologistas, esta la materialidad desviada, es decir, el uso de materiales y/o técnicas constructivas provenientes de otros ámbitos, como por ejemplo la obra civil o el arte, que de forma bastante directa se transforman sin apenas manipulación en materiales de fachada o pavimentos, o cualquier aplicación no prevista inicialmente. Esta estrategia suele aprovechar el coste de oportunidad de utilizar técnicas constructivas o sistemas ya consolidados, que sin embargo no se utilizan como material para la arquitectura.

Punto y seguido

La hipermaterialidad vendría a ser en todas las estrategias anunciadas aquí, un recurso proyectual, en tanto que se concibe aquello que es material y constructivo, como motor para confeccionar un relato a desarrollar por el proyecto arquitectónico. Es decir, la materialidad de la arquitectura no viene dada al final por un proceso de descarte proyectual estructurado por una cierta coherencia, o como producto final de una cadena de decisiones, sino que lo material es usado como elemento estratégico para confeccionar esa coherencia, precisamente. En definitiva, la idea de HiperMaterialidad es un activador de lo arquitectónico, y proporciona al acto de proyectar una sólida herramienta.

En suma, y positivando el interesante texto de José Ballesteros[6], Esas Tenemos, deberíamos producir edificios que admitan las posibilidades que la industria ofrece, asumir en nuestra arquitectura sus avances y evitar que aparezcan como pegotes. Contextualizar en el entramado urbano y en el espacio arquitectónico todo aquello que la materialidad, de la mano de sus productores, pueda ofrecer como mejoras sustanciales en su construcción.

Y es que en realidad hay muchos arquitectos involucrados en la investigación sobre nuevos materiales, dentro y fuera de la universidad, en grupos de investigación o asociados con empresas. Estas nuevas adaptaciones de materiales que ya usamos, nuevos procesos de producción que los mejoran, los hacen durables y más eficaces están destinados también a modificar sensiblemente nuestros espacios.
Hay arquitectos trabajando sobre elementos mínimos de construcción, llamando la atención sobre la posibilidad de habilitar procesos para los usuarios. Los arquitectos como diseñadores de procesos, no de objetos.
[7]

Por lo que parece, o al menos por lo que queda aquí esbozado, tenemos por delante un tiempo apasionante con en el que implicarnos. Un catálogo completo de nuevas herramientas proyectuales a desarrollar y poner al servicio de nuestros iguales.

*Con este post, cerramos la trilogía que hemos bautizado como Nuevas Herramientas Proyectuales de Referencia. Al igual que los anteriores, las reflexiones plasmadas son el producto de un diálogo abierto con Marta García-Orte, profesora de Taller Final de Grado de la ESARQ, de la Universitat Internacional de Catalunya y co-autora de estos textos. En el taller estamos centrados en la  investigación y la introducción de estos temas en paralelo al desarrollo de los proyectos de los alumnos. Nuestra aspiración es que al final del Taller, estas ideas sean reconocibles, no tanto en la forma de un objeto dado, sino en los contenidos y la construcción del relato de cada proyecto.

La imagen que ilustra este post es de una maqueta prototipo del proyecto Protofactory realizada por Marta García-Orte y Aaron Tregent del encuentro entre las tres disciplinas: architecture, landscape and environment realizada para el Design Studio de Iñaki Ábalos y Javier García-Germán en el curso 2010-2011 del BIArch


[1] MANSILLA, Luís Moreno, Sobre la confianza en la materia, Revista CIRCO, 1998.52 El curso de las cosas, Ed. CIRCO M.R.T. Coop., Madrid, 1998

[2] COMTE-SPONVILLE, André, Dictionnaire Philosophique, Presses Universitaires de France, París, 2001

[3] SENNETT, Richard, The Craftsman, Yale University Press, New Haven, 2008

[4]  Idem

[5] COSTOYA, Manuel, Una nueva materialidad contemporánea, en http://es.detail-online.com/arquitectura/temas/una-nueva-materialidad-contemporanea-008646.html

[6] BALLESTEROS, José, Esas Tenemos, Revista Pasajes núm. 119, Ed. América Ibérica, Madrid, 2011

[7] BALLESTEROS, José, ¡Que Inventen Otros!, Revista Pasajes núm. 124, Ed. América Ibérica, Madrid, 2012

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