Nuevas herramientas proyectuales de referencia: Paisajes Productivos*

0044 NUEVAS HERRAMIENTAS PAISAJES PRODUCTIVOS

Nuevas herramientas proyectuales de referencia: Paisajes Productivos*

Any work of architecture, before it is an object, is a transformation of the landscape[1]

Introducción

Paisajes Productivos. La idea de paisaje ha abierto una brecha en las consideraciones y los principios tradicionales del cuerpo disciplinar de la arquitectura y el urbanismo. En realidad las lógicas del paisaje, interpretadas de forma abierta, permiten entender las relaciones entre entornos, es decir arrojan nuevas lecturas entre, de un lado, los paisajes urbanos o naturales, y del otro los procesos de crecimiento. De forma emergente el paisajismo se está convirtiendo en un modelo para pensar la ciudad.

Esta relación entre entornos, es en realidad una nueva modalidad espacial que tiene la forma de un punto de encuentro entre las tres disciplinas que la modernidad mantuvo desvinculadas, la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo. El meeting point donde se produce esta confluencia viene a configurar una nueva organización, una síntesis orgánica de lo objetual verticalizado, la arquitectura, lo operativamente horizontalizado, el paisaje y lo sistémicamente extensivo, el urbanismo.  Si asumimos la idea de paisaje como catalizador de esta confluencia disciplinar, igualmente deberemos asumir la necesidad de construir un nuevo léxico que prevenga del predominio de algunas de las antiguas disciplinas. Por consiguiente un nuevo campo de operaciones se abre de par en par para ser explorado con nuevos instrumentos y metodologías.

En definitiva, si como dice Stan Allen, el paisajismo ha sido definido como el arte de organizar superficies horizontales,[2] prestando una mayor atención a las condiciones de esta horizontalidad y buscando la confluencia disciplinar, no solamente en términos de configuración, sino también a su materialidad y su rendimiento, los arquitectos, urbanistas y paisajistas podemos activar espacios y producir ciudad sin el pesado aparato de la manera tradicional de urbanizar y colonizar el territorio. Para nosotros, esto es una oportunidad que no podemos pasar.

La idea de paisaje se convierte así en un nuevo instrumental operativo para definir, redefinir e incluso predefinir posicionamientos estratégicos en la concepción de las condiciones urbanas. El marco teórico de estas reflexiones proviene de la idea de Landscape Urbanism, formulada y articulada a mitad de los 90’s por James Corner en asociación con Stan Allen en dos conferencias, Constructing Landscape, en la Universidad de Pensilvania en 1993 y The recovery of Landscape, en la Architectural Association en 1994.[3]

En el ámbito conceptual esbozado por Corner y Allen, el paisaje es el medio capaz de adaptarse a cambios espaciales, mediante transformaciones de dentro a fuera, a través de la disposición de sucesiones temporales, emparentando así una herramienta proyectual para la arquitectura con lógicas y procesos contemporáneos de configuración de lo urbano, basadas en condiciones de indeterminación, demandas cambiantes y sistemas abiertos.

Paisaje e intercambio.

Otra de las consideraciones básicas insertadas en la idea de paisaje atiende a su vez a lógicas de intercambio de materia y energía, a los procesos de acción y reacción, en definitiva a la idea de interacción. Como aspiración, si fuéramos capaces de diseñar edificios y ciudades que se comportan con la inteligencia interactiva de un árbol, el propio proceso adaptativo provocado por las sucesivas respuestas del sistema edificio/árbol, ciudad/árbol, estructuraría un modelo de autoaprendizaje con capacidades tan interesantes como la autoregulación de la energía, por ejemplo. En realidad, esto ya ocurre en sistemas complejos como son las ciudades, pero el problema es el elevado coste en tiempo y energía necesario para que la ciudad vaya mutando al tiempo que cambian las demandas.  La visión de un edificio y una ciudad interactivos se corresponde con la idea del intercambio termodinámico que se da en un ecosistema.

Ligado con lo anterior y siguiendo a Ilya Prigogine en torno a las estructuras disipativas, demostró que en un proceso entrópico, o también podríamos decir en un sistema con alta entropía como es la ciudad, la disipación de energía y de materia, generalmente asociada a los conceptos de pérdida, rendimiento y evolución hacia el desorden, se convierte, lejos del equilibrio, en fuente de orden.[4] Es decir, en un ecosistema, y aquí tanto vale hablar de edificios como de ciudad, la tendencia a la entropía se comporta como un regulador, arrastra hacia el equilibrio situaciones que en principio quedan lejos del equilibrio. Esta noción que proviene de la física, de ser aplicada en lógicas urbanas, deja fuera de foco la sobreregulación al uso en la planificación actual de nuestras ciudades, y centra la capacidad proyectual en provocar condiciones. Condiciones para que un tejido urbano se extienda según las demandas, y pueda evitarse un crecimiento basado en la proyección errática de una supuesta oferta, condiciones para que las unidades proyectuales de lo urbano, es decir, los edificios, asuman el papel de activador del entorno, de catalizadores tanto del espacio creado como propio, como del espacio circundante sobre el que va a interactuar. Condiciones, en definitiva, para que la ciudad y los edificios actúen en términos termodinámicos.

De ahí a la idea del potencial estético de lo termodinámico, como sublimación de la idea de intercambio va muy poco. En texto de Iñaki Ábalos, la belleza de lo termodinámico, el autor concluye: desde la perspectiva de la cultura arquitectónica contemporánea, en la que este texto se inserta, frente a la aparente dispersión de posturas, referencias y casos prácticos, parece crucial entender que sólo si hay una discusión estética, si hay una idea de belleza tras la idea de sostenibilidad, ésta habrá llegado hasta aquí para quedarse. Es necesario cruzar los lenguajes técnicos y los culturales a la búsqueda de unos acuerdos mínimos, identificar un sistema consensuado de trabajar sobre el paradigma termodinámico que lo haga fructífero en el plano técnico, en el crítico y en el estético.[5]

Paisaje y energía

Con la concepción de la idea de paisaje como sistema de producción urbano/arquitectónica, surge un mecanismo proyectual operativo que permite no ya solamente aunar energía y tecnología con estética y cultura, sino que más allá, desde la raíz de la idea de la energía como vector de diseño, puede darse una respuesta global y contundente a consideraciones de ámbito social, político y económico, además del cultural y tecnológico.  Esto mismo se deduce del texto, al seguir concluyendo el autor, que para avanzar en este cambio de paradigma desde el modelo tectónico y mecánico de la modernidad  al modelo termodinámico contemporáneo, parece necesario construir una nueva cartografía que nos oriente en torno a las nuevas técnicas proyectuales, a la organización de los sistemas constructivo-tipológicos y a las filiaciones  estéticas, adoptando como hipótesis de partida la convención o consenso en la necesidad de una integración entre arquitectura, paisaje y técnicas medioambientales. En eso estamos.

Si a las lógicas abiertas y ampliadas del concepto de paisaje, le sumamos la  concepción de rendimiento, entendida esta idea como fuerza motriz, donde cada fragmento, cada átomo que participa en un ecosistema tiene un papel de intercambiador activo[6], entramos de lleno en la idea de paisaje productivo. De esta forma, a los principios operativos del paisaje, le confiamos la capacidad de operar tanto en términos infraestructurales como urbanos, de hecho fusionando ambos, para ir más allá en la producción de significaciones culturales, cohesiones sociales, horizontes políticos, lógicas económicas y avances tecnológicos.

En realidad, se trata, como ya hemos apuntado, de promover la interacción, la implicación y la interdependencia entre las infraestructuras de producción energética y el territorio, con la intención de crear sistemas híbridos energético/urbanos, capaces de estructurar una relación en que ambos sistemas salgan ganando, provocando sinergias multiescalares. En este sentido es especialmente interesante el libro de Aleksandar Ivancic cuando habla de las geografías de la energía y la operatividad de los artefactos energéticos para producir también lógicas urbanas en Energyscapes.[7]

Paisaje y ciudad

Deberíamos insistir en que al volver a tomar una postura crítica y replantearnos nuestra actual situación como profesionales frente a la sociedad, un nuevo punto de encuentro emerge entre la arquitectura, entendida como la materialización de algo, que debe ser dinámico y responder de una manera natural al encuentro entre el paisaje y la ciudad, el paisaje, entendido en tanto que proveedor de una respuesta natural al medio y por lo tanto adaptable a condiciones cambiantes como lo son el agua, la tierra, la luz, etc. y en último lugar la ciudad, entendida como el medio urbano que proporciona los nutrientes  y las demandas de organización, desde donde tenemos que procurar entender cómo podemos llegar a ser realmente productivos.

En definitiva se trata de activar en el ámbito del paisaje urbano, las lógicas centrales del paisaje energético, fusionando en una sola manera de conceptualizar, la antigua tricotomía de sistemas, equipamientos y viales, del urbanismo tradicional, dejando inteligentemente las lógicas de la programación urbana a la gestión de una demanda real, cambiante y abierta a los flujos económico y sociales, en detrimento de la gestión de la oferta, promovida más o menos bienintencionadamente a partir de parámetros obsoletos, basados en resultados ficticios de bajo vuelo político y nula inteligencia crítica, tales como la proyección de datos estimados a X años vista, el comportamiento de masas sociales determinadas o la previsión a futuro de necesidades, muchas veces irreales, con la perspectiva de un presente en permanente estado de obsolescencia, sobre lógicas de un pasado, que ya no sirven de patrón estándar.

Punto y seguido

Bajo el paraguas del concepto de paisaje productivo, tanto se enmarcan las tendencias del km0, es decir producir desde lo cercano bienes y alimentos, la producción de información para gestionar comportamientos urbanos en tiempo real, los sistemas urbanos gagnant-gagnant, es decir la creación de ecosistemas urbano y energéticos, donde los programas con excedentes energéticos se asocian con programas con déficit energético, a la revalorización del espacio común como garante del equilibrio social y participativo, o la necesidad de gestionar micro economías de escala urbana entre entornos multifocales y descentralizados, por poner solamente como ejemplo algunas de las lógicas ligadas al utillaje proyectual urbano contemporáneo.

Pero no solamente eso. La idea de paisaje productivo pone en cuestión la forma misma de la arquitectura, la rigidez estructural de los espacios comunes de la ciudad, la materialidad misma en como acaba resuelto cualquier objeto arquitectónico. En definitiva se trata de encontrar nuevos prototipos basados en nuevas formas de relación que asumen nuevas lógicas programáticas.

Paisaje productivo podría ser un punto de encuentro disciplinar, no fortuito, sino provocado, de hecho entendemos que necesario y esperado, en el cual todo es dinámico y por lo tanto, permite proyectar operativamente con un  alto gradiente de adaptabilidad a condiciones cambiantes.

En este sentido, y con todos los matices y profundidades necesarios, la idea de paisaje productivo nos parece también central como una nueva herramienta proyectual de referencia.

*Este post, con el que comparto la autoría, es el producto de un diálogo abierto con Marta García-Orte, profesora de Taller Final de Grado de la ESARQ, de la Universitat Internacional de Catalunya. En el taller estamos centrados en la  investigación y la introducción de estos temas en paralelo al desarrollo de los proyectos de los alumnos. Nuestra aspiración es que al final del Taller, estas ideas sean reconocibles, no tanto en la forma de un objeto dado, sino en los contenidos y la construcción del relato de cada proyecto.

La imagen que ilustra el post es un fragmento del Master Plan de los alumnos del grupo A del Taller Ciutadella de TFG, Jordi Barri, Jairo Vizcaino, José Vicente García Iglesias, Roser Estelrich y Javi Ivorra


[1] ALLEN, Stan, McQUADE, Marc, Landform Building, , Lars Muller ed. and Princeton University School of Architecture, Nueva York, 2008

[2] WALDHEIM, Charles, Landscape Urbanism: A Genealogy. Praxis Journal, núm. 4, Boston, octubre 2002, pp 4-17

[3] CORNER, James, The recovery of Landscape, Princeton Architectural Press, Nueva York, 1999

[4] GARCÍA-GERMÁN, Javier, De lo Mecánico a lo Termodinámico, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2010

[5] ÁBALOS, Iñaki, La Belleza de los Termodinámico, Revista Circo 2008.157, Madrid, 2008

[6] La idea es llegar a que el ecosistema se convierta en un todo productivo, en una máquina interactiva. De hecho es la manera como funciona la naturaleza

[7] IVANCIC, Aleksandar, Energyscapes, Land&Scape Series, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2010

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