Del paradigma de la complejidad

0039 DEL PARADIGMA DE LA COMPLEJIDAD

Del paradigma de la complejidad

Si asumimos fácilmente que la arquitectura siempre ha buscado en la naturaleza su patrón, su modelo a seguir, cuando no a imitar, y que históricamente siempre ha habido una simbiosis entre lo natural y lo arquitectónico, estaremos de acuerdo que un cambio sustancial en la concepción de la naturaleza, conllevará necesariamente un cambio substancial en la arquitectura.

El paradigma de complejidad, aparte de tener una clara necesidad social, tiene también su origen en una redefinición de un sustrato cultural común que pasa tanto por la definición del comportamiento de los fenómenos naturales, como de encontrar en las ciencias de la complejidad aquello que tienen de común para a partir de allí crear una nueva cultura de la Ciencia, lo que necesariamente creará una nueva cultura de la Arquitectura.

La complejidad como definición de un comportamiento

El cuerpo de teorías, investigaciones y procesos de descripción y representación de la realidad, surgidos en la década de los 60 y principios de los 70, demuestran como una gran abanico de ideas alrededor de un modelo de complejidad inciden directamente sobre diferentes disciplinas. Desde la física a la sociología, estas teorías inciden en la matemática, la química, la psicología, el management, la filosofía, las tecnologías entonces emergentes de la computación, la informática y las telecomunicaciones, la biología, y tantas otras ramas del saber subsidiarias de estos inmensos troncos del conocimiento.

Aparte de que el momento histórico en que estas teorías están formuladas son coincidentes con la prodigiosa década de 1960 y algo más allá, hay otro rasgo común a todas estas teorías: la investigación sobre el comportamiento complejo. Ya sea la catálisis espontánea de dos moléculas de sustancias químicas diferentes de la sopa prebiótica para describir el origen de la vida, o el manejo de múltiples datos que un sistema computerizado es capaz de gestionar para aplicarlo posteriormente a políticas urbanas efectivas, ya sea la definición geométrica de los atractores extraños en sistemas con un comportamiento aparentemente azaroso, o la autoorganización como modelo de comportamiento de sistemas alejados del equilibrio, todas estas investigaciones apuntan a una misma dirección coincidente, la no linealidad de los comportamientos de la naturaleza, del ser humano –también naturaleza si entendemos la idea de nueva alianza de Prigogine- y de todos los productos y subproductos derivados de la actividad humana. ¿Cómo podemos pensar que la arquitectura no iba también a estar envuelta en esa dinámica de la complejidad?

Para acabar de entender que la idea de complejidad estaba totalmente instalado en las preocupaciones, investigaciones, modos de pensar y reflexiones de todo tipo en los años 60, basta ojear al artículo publicado en 1962 por Herbert A. Simon, economista, politólogo y teórico de las ciencias sociales, The Architecture of Complexity.[1]

Aparte de etimológicamente colocar la palabra arquitectura al lado de la palabra complejidad, -es evidente que en el artículo, arquitectura esta usado en términos de símil, para referirse a estructura o organización- el escrito demuestra como ya a principios de la década de los 60 la idea, el concepto de complejidad estaba perfectamente reconocido.

En este caso, la idea-fuerza sobre la que Simon incide es, por un lado la descripción del comportamiento de la complejidad. Simon, quizás en una desesperada búsqueda de lo simple en lo complejo, afirma que la condición de complejidad de un sistema depende críticamente de la manera en que lo describimos. Para lograr la simplificación de un sistema, debemos encontrar la representación adecuada. Simon dice:

La noción de sustituir una descripción del proceso para obtener una descripción del estado de la naturaleza ha desempeñado un papel central en el desarrollo de la ciencia moderna. En un gran número de casos, las leyes de la dinámica, expresadas en forma de sistemas de ecuaciones diferenciales, han proporcionado la pista para la simple descripción de lo complejo. La correlación entre la descripción del estado y una descripción del proceso es fundamental para el funcionamiento de cualquier organismo adaptativo, y para su capacidad para actuar intencionadamente con el entorno. Nuestra comprensión actual de mecanismos genéticos sugiere que incluso en la propia descripción del organismo multicelular se encuentra una descripción del proceso en forma de un programa genéticamente codificado que es en definitiva una parsimoniosa y útil representación.[2]

Es decir la ambición de simplicidad no abole la adopción de lo complejo. Es más, puede entenderse que tal ambición debe de pasar por una descripción y una representación de estos procesos –y por tanto una profunda compresión de estos- antes de poder considerar tal o cual sistema como generador de un comportamiento simple.

En otro orden de cosas podríamos afirmar que el comportamiento complejo está ya tan interiorizado en términos culturales, que incluso aquello aparentemente simple, requiere de un esfuerzo complejo suplementario. Es decir, lejos de querer representar un comportamiento complejo, se maneja lo complejo dándole un formato de aparente simplicidad. Nada más difícil que aparentar lo fácil.

Si hiciéramos un doble salto, en el tiempo y en la materia de conocimiento, y reflexionáramos un instante sobre la complejísima simplicidad de la arquitectura de los galardonados con el premio Pritzker, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawua podríamos trazar una paralela entre la idea de Simon y cierta apariencia de simplicidad, es decir, la representación en forma simple de la complejidad de cierta arquitectura contemporánea.[3] En definitiva quiero solamente remarcar que incluso en aquello que tiene apariencia de simplicidad, subyace un extrema lógica de lo complejo, algo que a mi entender Simon está reflexionando en su artículo.

La otra idea-fuerza del artículo reside en la necesidad expresada por el autor de construir una teoría de la jerarquía para manejar con soltura la estructura conceptual de una teoría no-trivial de los sistemas complejos.

Para Simon la idea de jerarquía tiene la propiedad de descomponer, lo que simplifica en gran mediad su comportamiento complejo. Si podemos establecer una jerarquía podremos entrar en la esencia de lo complejo y entender las aparentemente ocultas leyes que rigen tal comportamiento.

Una última reflexión de Simon me parece pertinente al demostrar por un lado la avalancha de sistemas complejos que surgen en esa época y por otro la posición defensiva que toma en este caso el autor: En tanto, ciencia e ingeniería, el estudio de sistemas es una actividad cada vez más popular. Su popularidad es más una respuesta a una necesidad urgente de síntesis y análisis de la complejidad que cualquier desarrollo de un cuerpo de conocimiento y de una técnica para tratar la complejidad.[4]

Sin duda el tiempo ha acabado por demostrar que el camino de la complejidad es irreversible en la ciencia y también, cómo no, en la arquitectura. A medida que hemos ido avanzando en la lógica de lo complejo, más y más hemos entrado en un camino sin retorno.

No es criticable en absoluto que en ciertos momentos tanta complejidad llegue a saturar nuestra capacidad de reflexión, o que incluso no se llegue a tener algún destello de nostalgia de una época en donde todo era más sencillo, todo era explicable de manera fácil y entendible. De una época donde el relato podía ser lineal. Sin embargo el texto pone de manifiesto conclusivamente que el concepto de complejidad estaba literalmente arrasando -popularidad, emergencia- en la ciencia, en la ingeniería, y más tarde en, por supuesto, la arquitectura, sedimentando así una categoría cultural, una manera de pensar, que diríamos coloquialmente.


[1] SIMON, Herbert, A. The Architecture of Complexity en Proceedings of the American Philosophical Society, Vol. 106, nº6, 12 Diciembre 1962, pp. 467-482

[2] op. cit., SIMON ,1962, p. 481

[3] Es interesante la entrevista no programada que Anatxu Zabalbeascoa publicó en el diario El País en el que se destaca:Aunque sus proyectos sean descritos con frecuencia como ligeros y transparentes, su economía de medios no es una simplificación de la arquitectura. Es muy complicado mejorar las cosas. Pero Sejima y Nishizawa investigan y analizan todas las posibilidades de los encargos para que lo complejo parezca simple, ligero, transparente, todos esos adjetivos asociados a sus esmerados trabajos que el jurado ha calificado “de una belleza precisa.”

http://www.elpais.com/articulo/cultura/arquitectos/cambio/elpepicul/20100329elpepicul_1/Tes

[4] op. cit., SIMON ,1962, p. 482

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