Contribuciones: Ethel Baraona Phol y César Reyes Nájera, dpr-barcelona. Heterotopías, cibernética y sociedad en red.

0035 CONTRIBUCIONES ETHEL BARAONA CESAR REYES

Heterotopías, cibernética y sociedad en red.

En Utopías y Heterotopías: un epílogo, Miquel Lacasta propone que la heterotopía de Foucault puede ser entendida desde la contemporaneidad y desde las interacciones en red, en donde las capas físicas y digitales se mezclan y superponen para crear nuevos territorios: En todo caso, la sugerente forma de la heterotopía, en nuestro mundo contemporáneo real/virtual, toma un impulso extraordinario si entendemos conceptos como por ejemplo la idea de la nube, si asimilamos el potencial de dotar de significado a la realidad en las redes sociales o la constante asignación de significados nuevos a los espacios reales mediante lógicas y tecnologías virtuales. Bajo este punto de vista, podríamos decir que varios de los proyectos de vanguardia o utópicos han sido el leitmotiv o catalizador de algunas de las reflexiones más interesantes en el contexto teórico-crítico contemporáneo, intentando hacer una relectura desde su base y contextualizando la esencia de los mismos en el momento actual.

Parte de la relación entre las décadas de 1960, 1970 y el momento actual está marcada por dos grandes temas. Por un lado, la incertidumbre económica, social y política que se refleja en el campo arquitectónico y que marca la forma de habitar, sentir, percibir y construir nuestras ciudades; y por otro lado, los avances en el campo tecnológico, que en la década de los años sesenta se basaban en el ámbito de la cibernética y que ahora se han transformado en el siempre cambiante mundo de las nuevas tecnologías [TICs]. Desde la filosofía hasta la cibernética y actualmente la teoría de juegos, el fenómeno de la sociedad-red y la cultura digital permiten un nuevo entendimiento del concepto de ciudad. La inherente relación entre el arte y la ciencia vuelve a ser parte del discurso arquitectónico para comprender que las ciudades pueden ser entendidas como organismos vivos, que se auto-regulan para sobrevivir y adaptarse. Recientemente Joseph Rykwert [1] escribía acerca de la concepción de nuestras ciudades que la forma de la ciudad no se basa un crecimiento interno autónomo, ni está dictado por ineludibles leyes económicas. Más bien afirma que es, de hecho un artefacto curioso, mezcla de voluntad y sucesos aleatorios, imperfectamente controlados. Definir un ser vivo por su organización, sea esta espontánea o regulada, más que por un conglomerado de funciones ha sido también propuesto desde la biología por Maturana y Varela [2].

Según Rykwert, si las ciudades tienen alguna relación con la fisiología, es más como un sueño que otra cosa y bajo este punto de vista es fácil comprender porque la esencia de proyectos utópicos como la New Babylon de Constant [3], con la que proponía  crear otra ciudad para otra vida, siguen siendo modelos tan actuales. La exploración diaria —o la vie quotiddiene como lo llamaba Lefebvre—, de lo urbano y el entendimiento de la ciudad como un espacio relacional, actualizan todos estos referentes y nos permiten situarlo en el contexto de las tecnologías y herramientas digitales y como estas son un punto clave en la creación de nuevos espacios de auto-organización. En este caso, la ciudad deja de ser un objeto estático, transformándose en un espacio global, donde lo digital y lo físico son parte del mismo sistema urbano. El entendimiento de que las ciudades ya no se basan en el crecimiento económico, si no en nuevos modelos colaborativos es importante para saber que se puede aportar desde la profesión arquitectónica.

El mundo está cambiando a una velocidad nunca antes vista desde la revolución industrial y nunca como ahora ha sido tan difícil prever cómo serán nuestras ciudades en el futuro. Un indicador sugerente son las visiones de ciencia ficción, que han pasado de mostrarnos lugares impecables y tecnológicamente avanzados a inundarnos con imágenes distópicas que aventuran decaimiento o desaparición. Bogdan Bogdanović escribió que Todos conocemos qué ha aportado al hombre el nacimiento de las ciudades pero ¿sabemos, en realidad, o intuimos siquiera, qué puede depararnos su desaparición? [4] y en este aspecto, aunque no prevemos su desaparición, si que podemos entender las ciudades como sistemas sujetos a un gran proceso entrópico en el que ahora podemos incidir combinado eficientemente materia, energía e información.

Esa red invisible de nuevas infraestructuras en las que habita la sociedad en red, es un nuevo territorio vivo, en el sentido propuesto por Maturana y Varela, en el que los sistemas humanos, económicos, sociales, urbanos, etc., evolucionan tejiendo relaciones e intercambiando información y flujos de energía. Si Gregory Bateson [5] propuso reescribir la ecología en términos de información, tal vez ahora, cuarenta años más tarde, podemos pensar en volver a escribir el entorno urbano en términos de información. En este contexto, también podemos recordar la publicación del Grupo Strum en 1972 The Mediatory City, a fotoromanzo [6], en la que proponían utilizar las nuevas técnicas, refiriéndose a tecnologías de la comunicación, para dar a conocer los conflictos sociales, añadiendo que las televisiones ubicadas en los bares pueden llegar a convertirse en instrumentos de contra-información. Con todos estos antecedentes es fácil entender el auge de la cibernética en aquellos años, que Edén Medina [7] define como una ciencia interdisciplinar que empezó durante la Segunda Guerra Mundial y que unificó ideas de la biología, neurología, estadística, matemática, ingeniería y computación, entre otras. Dando un salto en el tiempo, las nuevas tecnologías y las infraestructuras conforman ese nuevo espacio, que de acuerdo a Lucy Bullivant [8] es un espacio físico y no-virtual, que se compone de una ecología poética y fantasmal que existe más allá de nuestros límites de percepción. Por su parte, Miquel Lacasta especula que quizás hemos entrado de lleno en el tiempo de la utopía construida, donde todo espacio es ante todo, relación y comportamiento.

Por regla general, como agentes que inciden a escala urbana, hasta ahora hemos centrado nuestro trabajo en construir o modificar con el fin de lograr cambios cualitativos en el entorno urbano. Para lograrlo, modificamos la materia mediante inputs de energía, generalmente fósil. Sin embargo, nuestra intervención termina transformándose. Una capa de relaciones humanas, físicas y digitales, se adiciona constituyendo de esta forma un banco de heterotopías. De tal forma que, incluso el no-lugar de Marc Augé puede cobrar otro sentido al incorporar interacciones a través de capas digitales superpuestas a las capas físicas de la ciudad.

Con todos estos referentes, merece la pena preguntarse de qué forma pueden utilizarse adecuadamente estas tecnologías, estas nuevas heterotopías. Cómo podemos incorporarlas a nuestra profesión para configurar espacios relacionales, en los que lo digital pueda por fin adquirir un sentido urbano.

Ethel Baraona Pohl y César Reyes Nájera forman parte de dpr-barcelona

La imagen del post es una sugerencia de Ethel Baraona y César Reyes, un still de Sketches of the Meta-City de Frog, que puede verse en https://vimeo.com/42553502#

[1] RYKWERT, Joseph. The Seduction of Place: The History and Future of the City. Oxford University Press, 2004.

[2] VARELA, Francisco; MATURANA, Humberto. Autopoiesis: The organization of living systems, its characterization and a model. Biosystems 5, 4 1974 p. 187-196

[3] LACASTA, Miquel. Constant, la utopía cobra vida. https://axonometrica.wordpress.com/2012/10/15/constant-la-utopia-cobra-vida/

[4] BOGDANOVIĆ, Bogdan. La Ciudad y La Muerte. Mudito & Co., 2010.

[5] BATESON, Gregory. Steps to an Ecology of Mind: Collected Essays in Anthropology, Psychiatry, Evolution, and Epistemology. University of Chicago Press, 1972.

[6] STRUM GRUOP. The Mediatory City, A Fotoromanzo. Museo de Arte Modernos de New York, 1972.

[7] MEDINA, Eden. Cybernetic Revolutionaries: Technology and Politics in Allende’s Chile. MIT Press, 2011.

[8] BULLIVANT, Lucy. Architectural Design, Volume 75, Issue 1, Special Issue “4dspace: Interactive Architecture”, January- February 2005, p. 8-1.

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