Espacio, Lugar y Atmósfera

ATMOSFERA

Espacio, Lugar y Atmósfera

Con este sugerente título, Juhani Pallasmaa vino a la ESARQ[1] a dar una conferencia el pasado 10 de Mayo.  Lo que sigue es una traducción libre e incompleta de la conferencia, y completada con otras lecturas y registros o mejor dicho, una interpretación intencionada e interesada de una magnifica conferencia de arquitectura.

El reconocimiento instantáneo de la naturaleza inherente de un lugar, es semejante a la lectura automática de las identidades y esencias del mundo biológico. Los animales instantáneamente reconocen otras criaturas para su supervivencia de la misma manera los humanos reconocemos unos rasgos humanos conocidos entre miles de otras caras semejantes, a la vez que leemos el sentido de las emociones a partir de minúsculos movimientos musculares de la cara. El espacio o el lugar es una imagen, una criatura mental, o mejor dicho, neuronal, una experiencia singular fusionada con nuestra experiencia y cognición más existencial. Una vez hemos apreciado un espacio como placentero o como deprimente, difícilmente podemos cambiar este juicio de primera mano. Nos encontramos atados a ciertos parámetros y permanecemos ajenos a ciertos otros y ambas elecciones intuitivas son realmente difíciles de analizar verbalmente o de cambiar de forma significativa una vez hemos experimentado una cierta porción de realidad.

Otros autores se refieren a esa capacidad externa a lo que habitualmente llamamos razón, como inteligencia no consciente,[2] es decir lo que pensamos y sentimos es el resultado de operaciones ignoradas por el propio sujeto que las piensa o siente. En concreto en neurología está demostrado que todo ocurre a nivel cerebral unos ochocientos milisegundos antes de que nos demos cuenta de que está sucediendo. Algo así como que vamos siempre un poquito retrasados respecto a nosotros mismos. Es por ello que podemos sospechar que en las complejas operaciones neuronales que se desarrollan en los instantes precedentes a la conciencia, intervienen múltiples factores que transcienden la lista habitual de la inteligencia analítica o de un simple razonamiento empírico/critico. Es en ese estrechísimo margen de tiempo donde confluyen intuiciones, sentimientos, emociones, pequeñas verdades irrefutables, recuerdos, etc.

Y es allí donde quizás deberíamos colocar el centro de interés de lo proyectual arquitectónico.

Aún así, el valor de la experiencia, de la comprensible, a la vez que difusa manera de atrapar el ambiente de una entidad espacial o incluso atrapar todo un paisaje, debe ser entendido bajo el punto de vista de la supervivencia como especie. Evidentemente estamos dotados de una ventaja evolutiva consistente en detectar rápidamente si nos encontramos ante una escena potencialmente peligrosa o por el contrario ante una configuración segura y nutritiva. Hay que hacer notar especialmente que este juicio instantáneo no proviene de la toma de consciencia sobre los detalles, es decir no proviene de una atención pausada y reflexiva o analítica, menos aún crítica, todo lo contrario, es un tipo de sensación instantánea atrapada a partir de una lectura intuitiva y basada en una lectura arborescente del ambiente. Esta percepción y conocimiento polifónicos han sido identificados como una de las condiciones esenciales de la mente creativa.

En contra de lo que parecería como lógico, las búsquedas creativas se basan en caminos vagos, multifactoriales y en su mayoría provenientes de vías perceptivas del inconsciente,  producto de una atención ambigua, más que de una atención especialmente focalizada. En realidad atrapamos atmosferas a través de un proceso de escaneo de la realidad inconsciente y difuso.

Hay que subrayar el hecho de que tenemos capacidades de síntesis inesperadas que habitualmente no tenemos en cuenta a la hora de proyectar en arquitectura y a las que además no solemos atribuir un valor especial. Es interesante observar como la educación de la arquitectura sigue enfatizando la intencionalidad consciente, con una especial atención en la imaginería, por encima del campo pre-reflexivo y sus experiencias. Es decir mientras sobrevaloramos la capacidad analítica racional, despreciamos un ramillete de capacidades intuitivas, “irracionales” y las condenamos a la categoría de ocurrencia.

Mark Johnson, autor de The Meaning of the Body, Aesthetics of Human Understanding, asigna un rol crucial en la producción de pensamiento a las emociones al comentar que  no hay cognición sin emoción, en cada pensamiento hay una emocionalidad inconsciente.[3]Bajo su punto de vista las emociones son el recurso principal del sentido. Las emociones no son un conocimiento de segunda clase; todo lo contrario, constituyen patrones afectivos en nuestro encuentro con el mundo mediante los cuales llevamos el sentido de las cosas a un nivel primordial. Las situaciones son el locus de las emociones, más que la mente o el cerebro. En definitiva concluye que las emociones son una parte fundamental del sentido de los humanos.

Por otro lado, lo que solemos entender por inteligencia esta groseramente limitado en su concepción habitual. Los últimos estudios en psicología han desvelado entre siete y diez diferentes categorías de la inteligencia, más allá del estrecho reino del test del cociente intelectual. El psicólogo Howard Gardner lista siete categorías de la inteligencia: la inteligencia lingüística, la inteligencia lógico-matemática, la inteligencia musical, la inteligencia kinestética, la inteligencia espacial, la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal.[4] Más tarde en su libro sugiere tres tipos más de inteligencia, la inteligencia naturalista, la inteligencia espiritual y la inteligencia existencial. Es más, debería añadirse tres categorías más la inteligencia emocional, la estética y la ética y finalmente determinar en el ámbito de la inteligencia el papel especifico que tendría la inteligencia atmosférica.

Nuestra innata capacidad para atrapar atmosferas y ánimos de forma comprensible es semejante a nuestra capacidad para proyectar la imaginación y construir mentalmente sugerentes configuraciones, tanto espaciales como afectivas, de toda una novela o un texto narrativo, a medida que lo vamos leyendo. Igualmente pasa con los sueños. Los sueños son espacios completos de experiencias imaginativamente vividas, aunque se alojen en el reino del subconsciente.

Si en el ámbito de la arquitectura podemos presenciar con mayor profundidad aspectos fundamentales en la creación de atmósferas como la materialidad, la gravedad, la incidencia de la luz, el olor y el tacto, etc., razón de más, ambicionar a lo que Constantin Brancusi se refería: el arte, (y añado aquí, sobre todo, la arquitectura) debe proporcionar repentinamente y a la vez, el shock de la vida, la sensación de respirar.[5]

Esta fuerza conmovedora, basada en la creación de atmósferas que corten la respiración, podría ser un nuevo principio para cualificar espacios más allá de la expresividad individual de un objeto arquitectónico específico. Es evidente que no estamos hablando de una situación aislada, de un edificio singular que por tamaño o mediante cualquiera de las banales tretas al uso que todo arquitecto tiene en su arsenal, arrancan un Oh!, sino de la capacidad de ritualizar (me atrevería a usar incluso el término religar) del la verdadera esencia hecho arquitectónico, que de forma necesariamente intrínseca involucra la idea de lugar, de contexto, de espacialidad compleja y de profundidad emocional, de materialidad estructurada y de constructividad concisa.

En definitiva dotar a un espacio de condiciones para la vida, que sean la vida misma.


[1] Quiero agradecer en este post la apuesta valiente de Jorge Vidal por invitar al Pallasmaa al ciclo de conferencias llamado FORO de la ESARQ y a la habitual generosidad de Marta García-Orte por compartir la transcripción en inglés de la conferencia.

[2] MARINA, José Antonio, Las Arquitecturas del Deseo, Anagrama, Barcelona, 2007, p. 16

[3] JOHNSON, Mark, The Meaning of the Body, Aesthetics of Human Understanding, The University of Chicago Press, Chicago, Londres, 2007

[4] GARDNER Howard, Intelligence Reframed: Multiple Ontelligences for the 21st Century, Basic Books, New York, 1999

[5] SHANES, Eric, Constantin Brancusi, Abbeville Press, New York, 1989, p.67

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