Hacia una nueva contextualidad

DE LO CONTEXTUAL

Hacia una nueva contextualidad

Una de los orígenes posibles de un cierto renacer contextualista podría recaer, como afirma Eduard Bru, en el hecho de que el lugar[1] ha pasado a ser algo más interesante, más activo y propositivo, en tanto que ciudad y geografía, se han mezclado ineluctablemente, ofreciendo un entorno mucho más incitante que el estrictamente urbano del que disponíamos una década atrás.[2]

A la sombra de una observación tan sugerente, crece una primera cuestión que, a modo de bomba de profundidad, viene a rememorar la metodología del geógrafo Carl Sauer según la cual los paisajes culturales son creados a partir de formas superpuestas al paisaje natural,[3] y, por tanto, y re-interpretando, los paisajes urbanos, estarán también más íntimamente ligados a la geografía que al urbanismo propiamente dicho. En otras palabras, a día de hoy, se dan las condiciones necesarias para plantear, acaso enunciar, estrategias para una nueva geo-urbanidad,[4] plantear nuevos trazados entorno al proyecto interescalar, ciudad, paisaje y arquitectura.

Las consecuencias de la idea de Bru, están hoy todavía reverberando y no será aquí y ahora que zanjaremos la cuestión. En todo caso sí que dan pie a una reflexión que pretende ir más allá de un cierto anquilosamiento académico al respecto del tema (sería interesante comprobar cuantas escuelas de arquitectura incorporan en los departamentos de urbanismo a geógrafos con talento) o de una refriega entre geógrafos versus urbanistas (como la que propuso a modo de crítica especialmente hiriente el  geógrafo Oriol Nel·lo en el artúculo titulado El Urbanismo de la Crisis.[5])

En la raíz de esta nueva fusión urbano-geográfica, esta nueva interacción con lo episódico-contextual, o ya puestos, este devenir neo-situacionista, está el concepto de articulación.

La idea de articulación nombra tanto los procesos básicos de la producción de la realidad, de la producción de contextos y de la producción de poder, como la práctica analítica que estructura toda narración ligada a lo arquitectónico. Es la práctica transformativa o el trabajo de hacer, deshacer y rehacer relaciones y contextos, de establecer nuevas relaciones a partir de viejas relaciones o de trazar líneas y mapear conexiones. Pero la articulación no es una práctica única o singular. Las distintas conexiones tendrán fuerzas diferentes en contextos particulares y deben medirse; no todas las conexiones son iguales o igualmente importantes. De hecho, hay tantas prácticas de articulación diferentes como formas hay de relación.

No debería permitirse que el uso de la noción de contexto articulado, no singularice cada territorio, como si hablar sobre contextos, necesariamente hiciera equivalente cada sistema de relaciones, o pusiera cada territorio en el mismo plano o la misma escala. El sentido de “contexto que se articula” es siempre una unidad compleja, in-determinada y contingente. Si puede entenderse un contexto como las relaciones que se han establecido por el operar arquitectónico, la lucha para cambiar el contexto involucra la lucha por entender esas relaciones y, cuando sea posible, re-articularlas. En otras palabras, con la idea de re-articular contextos no estamos mentando una metodología mágica capaz de entrar de forma directa en el núcleo de la cuestión urbano/geográfica/arquitectónica. En el mejor de los casos re-articular es una estrategia de aproximación enormemente efectiva para gestionar la complejidad de lo proyectual a la vez que para interrelacionar múltiples escalas y realidades.

La articulación exige deconstrucción y reconstrucción; primero debe verse que lo que parecen ser totalidades o unidades armónicas sin costuras ni grietas han sido forjadas por partes diversas y divergentes. Es decir, los mismos procesos de articulación han sido borrados y ahora deben redescubrirse en la posibilidad de desarticulación. La articulación comienza descubriendo la heterogeneidad, las diferencias, las fracturas, en las totalidades. Al final lo heteróclito siempre se re-articula en la forma de otras totalidades; esa es la función misma del poder social de la arquitectura. Y si no se entra en esta lucha, en el intento de pensar a través de las posibilidades de rearticulación, el cuerpo fundamental del proyecto arquitectónico abandona el sentido mismo de la posibilidad política, social, cultural, económica y tecnológica que lo impulsa.

Esto último, la re-articulación compulsiva como táctica proyectual es pertinente en tanto que la realidad está en constante transformación, es abierta e imprevisiblemente informal. El principio operativo que la arquitectura puede ser capaz de asumir en este tour de force con la realidad es que la forma  y la estructura de la realidad no son inevitables. Por ello debería rechazarse pues aquellos que niegan con demasiada facilidad cualquier realidad estable en las relaciones que definen el terreno de juego. En otras palabras, si bien el contexto nos es dado y aparentemente es uno, también está sujeto a una multi-interpretación que lo convierte inmediatamente en multi-dimensional. Todo es lo que es, a la vez que todo puede ser otra cosa, esa es la paradoja.

Tradicionalmente la idea de contexto en arquitectura ha venido precedida de falsas interpretaciones  sobre lo vernáculo. Esto es evidente en los primeros años de la postmodernidad, donde de manera mezquina y cicatera se relacionaba lo vernáculo con lo simbólico/popular, con el objetivo de abolir la “alta cultura” en favor de la cultura popular y una inocente y enormemente simplista visión de la sociedad, de sus preferencias y sus capacidades como masa consumista. No hace falta decir que como carne fresca, las fuerzas del capital vieron en ello una oportunidad abismal para introducir la costumbre de un consumo voraz desprovisto de esfuerzo cultural y por tanto de fácil digestión y poco alimento.

Curiosamente mientras surgía en los años 70 el movimiento postmoderno, algunos, entre ellos Peter Eisenman, estaban desarrollando una metodología de altísimo octanaje conceptual para aterrizar en lo que vulgarmente podríamos llamar el suelo, símbolo por excelencia del lugar y espacio propio de la contingencia del proyecto arquitectónico. Una idea, la de lugar, que por otro lado el movimiento moderno había intentado eliminar con la falsa idea de una arquitectura pura y emancipada de la cota cero.

Eisenman, de lo contextual por inducción

La vuelta al lugar en forma de articulación contextual, si bien en las antípodas del  genius loci, adquiere forma quizá por primera vez en los proyectos englobados en el libro Cities of Artificial Excavation[6], sobre el trabajo de Peter Eisenman, anteriormente presentado en el artículo escrito por el propio Eisenman The City of Artificial Excavation[7].

Resiguiendo los orígenes de este renacer contextualista al que antes nos referíamos, nos topamos con una metodología intelectual capaz de centrar la idea de articulación en relación a la idea de contexto como elemento central. Es decir, en la metodología “articulista” que Eisenman propone, encontramos una lógica extrema en la forma como la idea de contexto supera la simplicidad postmoderna de lo estrictamente alegórico y sus interpretaciones amnésicas sobre la historia. Es más, uno de los componentes más originales del cuerpo teórico de Eisenman es la introducción de una inteligencia inductiva en el proyecto, un tipo de razonamiento donde la condición verdadera de las premisas, en este caso el lugar como quintaesencia del contexto, brinda apoyo a las conclusiones, pero no las garantiza. En otras palabras el “objeto” lugar inducirá un tipo de arquitectura, pero no determinará todos los parámetros de esta.

Cities of Artificial Excavation presenta cuatro proyectos representativos donde se muestra la idea de excavación artificial y por tanto de retorno directo al lugar y al contexto como concepto a partir del cual el proyecto empieza a articularse; estos son el  diseño urbano para el Este de Cannaregio en Venecia de 1978, las viviendas cercanas al Ckeckpoint Charlie en Berlin de 1980-1981, el University Art Museum de la California State University  en Long Beach de 1986 y el Parque de la Villette de París en colaboración con Jaques Derrida.

Eisenman usa operativamente el lugar como genealogía de la complejidad geométrica de sus proyectos,  mediante un proceso de articulación y re-articulación constante, que le permite llegar al papel central de la idea de lugar. De hecho Eisenman previamente ha construido una metodología, un auténtico armazón conceptual para el estudio y el desarrollo de las estructuras formales que surgen a partir de lo contextual articulado.

Da la sensación que solamente desde el rigor de sus planteamientos teóricos, desarrollando toda una metodología para extraer de la forma sus esencias, llega Eisenman a la consideración del contexto como origen fundamental de las lógicas teóricas de sus proyectos, es decir, el espacio conceptual donde reside el origen genuino de la geometría compleja Eisenmaniana es lo contextual, el sitio donde la arquitectura se posa, en definitiva, el lugar.

En este encuentro con el suelo Eisenman, considera que la topografía de una ciudad no es una superficie neutral, sino sólo la capa superior de una densa superposición de capas de los más variados rastros, pistas históricas que hay que recuperar y reseguir. La materia prima proyectual, aquello que dará dirección a la manera como se va a manipular la geometría arquitectónica, tal como lo ha venido haciendo en las Houses es esta consideración conceptualizada a través de la historia del suelo.

Por tanto vemos aquí una manera mucho menos figurativa que la versión postmoderna de contexto y en todo caso mucho más libre y abierta para tratar con rigor, pero sin ataduras, la idea de contexto y plantear un principio de negación de una arquitectura incapaz desde su posición elevada y moral de “bajar a la arena”, tal como lo había hecho hasta entonces el Movimiento Moderno.

Narraciones y articulaciones

Hay dos aspectos interesantes en las ideas de Eisenman que fundan una concepción más abierta de la idea de contexto que la figuración ortodoxa y vernácula de la postmodernidad oficial. Por un lado está la idea de que el ámbito de la arquitectura se mantiene todavía ligada a una cierta elaboración intelectual que requiere agudeza, referencias y procesos de transformación, tanto de las cosas como de las ideas. Esto conlleva a elaborar un espacio narrativo, una historia de la historia ligada a la mutabilidad tanto física como emocional e intelectual del lugar, es decir, en el momento en que damos cuenta de un lugar, tenemos el escenario de una historia necesaria, el fondo a modo de espacio narrativo que acompañará al espacio arquitectónico.

El otro aspecto interesante es la idea de re-articulación, es decir, el campo sobre el que tanto idealmente como físicamente se mueve la arquitectura es de tal complejidad y magnitud, que constantemente el arquitecto se ve expuesto a articular una y otra vez la fuerza de un proyecto a partir de las incursiones multifocales que hace sobre la materia prima de la realidad, el lugar.

La arquitectura, por tanto, debería estar comprometida con la realidad mediante el estudio del ámbito  de relaciones que tiene efectos determinantes a partir del contexto, pero rehusar también el hecho de que asumir que tales relaciones y efectos tengan que ser necesaria y determinadamente lo que son de forma unidireccional. En realidad la arquitectura debería estar comprometida en la re-elaboración de una nueva narrativa, de un espacio codificado en el que lugar y objeto arquitectónico interactúan sin un final pre-determinado, es decir, un proceso abierto de re-articulación.

Es aquí donde Eisenman es tan brutalmente contemporáneo. A su manera y con algunos resultados discutibles, Eisenman anuncia 40 años antes el núcleo del proyecto arquitectónico contemporáneo, la capacidad de la arquitectura para estructurar una narración compleja de la realidad a partir de un proceso abierto de articulación con el contexto.

*La imagen que ilustra este texto es un conjunto de diagramas de la Bibliothèque de l’Huei de Peter Eisenman sacada del libro Diagram Diaries p. 205


[1] Léase lugar como quintaesencia de la idea de contexto

[2] BRU, Eduard, revista Annals d’Arquitectura 07 (2ª época), ETSAB, UPC, Barcelona, Julio 2001

[3] Esta idea es la base principal de SAUER, Carl, The Morphology of Landscape, University of California Publications in Geography. Vol. 2, No. 2, pp. 19-53. October 12, 1925

[4] Sugerente, innovador y ejemplificador de una manera de abordar la idea de lo contextual es el ejercicio de GAUSA, Manuel, Multi-Barcelona, Hiper-Catalunya, estrategias para una nueva geo-urbanidad, List Laboratorio, Barcelona/Trento, 2009

[5] NEL·LO, Oriol, El Urbanismo de la Crisis, El Periódico, 19 de Octubre 2011

[6] BEDARD, Jean Francoise, Cities of Artificial Excavation: The Work of Peter Eisenman,  1978-1988, Rizzoli International, Nueva York, 1994

[7] EISENMAN, Peter, The City of Artificial Excavation en Architectural Design nº53 Enero 1983. pp. 91-93

Comments
One Response to “Hacia una nueva contextualidad”
  1. Esto es muy interesante! Ya estoy archivandome tu texto para tenerlo presente en el futuro. Muy bueno, muchas gracias por compartir!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: