La naturaleza del cambio | The nature of change has changed

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La naturaleza del cambio | The nature of change has changed

Seguramente no puede decirse que todo ocurriera en la década de los 60, pero sí puede afirmarse que esta fue una década de grandes cambios, de grandes transformaciones sociales, cambios, que hoy podemos observar cómo están más vivos que nunca. Mirando hacia atrás, es fácil reconocer transformaciones significativas que tienen su origen en esos años y que llegan a nuestros días en plena actividad. Sin lugar a dudas, la década de los 60 representa una de las épocas de todo el siglo XX que de manera pacífica en general, los parámetros por los que el mundo se medía, sufren una convulsión capaz de poner patas arriba usos y costumbres, proyectos y anhelos de un mundo que abandona el proyecto moderno para adentrarse en otra época, quizás más confusa, quizás más abierta a interpretaciones, quizás más indefinida, pero sin duda más compleja, mucho más compleja.

Para entender cómo en este punto de la historia arranca un proceso de transformación que podríamos definir como el paso de una lógica del orden a una lógica de la complejidad, basta repasar someramente los acontecimientos de orden social, económico, cultural, tecnológico y político que irán transformando de manera radical nuestra sociedad y darnos cuenta como en cada acontecimiento implica un nuevo nivel de complejidad, cada transformación deja descrito un nuevo límite, como va tejiéndose una madeja más y más tupida de realidades relacionadas las una con las otras. Una característica de esta década es que se amplía enormemente el ámbito de lo posible, creando así unas nuevas reglas de juego.

El gran éxito que han obtenido los cambios ocurridos en los 60, la aparición de una conciencia de transformación y el enorme abanico de disciplinas afectadas por estos, hace pensar que de todo el siglo XX, es en esta década donde se produce la mayor concentración de transformaciones de fondo, impulsadas por una sociedad con una enorme necesidad de cambio, de evolución, de rotura de esquemas hacia una nueva liberación, unos nuevos ideales. Quisiera clarificar antes de seguir, que cuando hablamos de cambios, me refiero fundamentalmente a cambios profundos en la mentalidad de la sociedad y de los individuos, cambios que conllevarán la aparición de nuevas tecnologías, de nuevos órdenes políticos, de nuevos posicionamientos culturales, de nuevas estrategias económicas y nuevos perfiles sociales.

Evidentemente todas estas transformaciones no ocurren en una década, sino que se van desgranando durante años y años hasta nuestros días, se van decantando, van cogiendo forma a medida que la sociedad entera, en todos los puntos del planeta, va madurando. O dicho de otro modo, los cambios que década a década van sucediéndose desde entonces, tienen en gran medida su origen en la cadena de acontecimientos que arranca en la década de los años 60.

Existe en ese momento la confianza ciega de que una nueva sociedad era posible y necesaria, una energía imparable impulsaba a miles de personas a luchar intelectualmente la mayor de las veces, por una nueva sociedad que tan sólo 5 ó 10 años antes hubiera resultado difícil de creer. La atmósfera de las sociedades occidentales se volvió electrizante y un ímpetu desconocido se apoderó de muchísimos jóvenes y no tan jóvenes que movidos como por un resorte imaginario se levantaban cada mañana con el ánimo de cambiar la sociedad de cabo a rabo.

Una reflexión sobre las características de esas transformaciones, nos lleva a detectar que tienen en común tres vectores de cambio, en mayor o menor medida similares en sus comportamientos, es decir estos cambios se rigen por un patrón aplicable a cada una de las pequeñas revoluciones que conforman los revoltosos 60 y que la característica de estos patrones han favorecido el hecho de que los cambios ocurridos en los 60 hayan tenido una influencia definitiva en décadas posteriores.

Vector Velocidad

Los cambios se producen a una velocidad inusual, la propagación de los factores que estos cambios inducen son asumidos a un ritmo tan vertiginoso que impulsan a la sociedad a una tendencia natural a la pérdida de orden, a una cierta entropía. Por la novedad que estos cambios introducen y a su vez por su velocidad de propagación, los efectos que generan provocan una especie de aturdimiento y una clara sensación de desorden, de pérdida de referencias y paralelamente de manifestaciones de angustia o de explosiva creatividad en diversos ámbitos de la sociedad. Si un cambio ya supone una desestabilización poderosa de los cimientos sobre el que un sujeto se asienta, un cambio a gran velocidad provoca una auténtica sensación de cataclismo personal. En aquellos casos en que una persona se adhiere a la corriente de estos cambios, las dosis de entusiasmo y energía se multiplican de manera exponencial. En la década de los 60, aquellos que asumieron un rol en estos procesos de transformación, tenían una autoconfianza arrolladora, se sentían inmersos en una revolución de consecuencias enormes y se convertían en una máquina de generar ideas, acciones y adeptos.

Vector Escala

El ámbito territorial de estos cambios se hace global. Ya sea por implantación, como por reacción a estos cambios, estos nunca son de escala local sino que la profundidad de estas transformaciones se da en términos globales, a una escala planetaria. Por primera vez los cambios se difunden por todos los continentes, afectarán a millones de personas y en aquellos casos en los que se produce una reacción adversa a los cambios, generan un “ruido de fondo” en amplias capas de la sociedad que más pronto o más tarde acaban saliendo a la luz y desarrollando todo su potencial.

Igualmente la escala conceptual de estos cambios es enorme, no hay tabú que quede sin revisar, el armazón intelectual con el que están constituidas las nuevas ideas pone patas arriba todos los valores imperantes, desde la religión a la política, pasando por la sexualidad, los usos sociales, las costumbres más básicas, etc. Un infinito reguero de “verdades” asumidas, se pone en cuestión, se debaten y se combaten en distintos puntos del planeta.

Vector Transversal

Unido a la magnitud territorial de estos cambios, está asociada la transversalidad de los mismos. Los cambios y transformaciones son de amplio espectro. Ni las clases sociales poderosas, ni las clases más desfavorecidas quedarán inmunes a la profundidad y radicalidad de la transformación que los nuevos paradigmas generan. En todo caso la solidez de una nueva clase media se verá especial e irremediablemente afectada por estos vectores de transformación y a su vez esta clase media constituirá el objetivo de la aplicación de estos cambios. Sin embargo, quizás por primera vez en la historia, las transformaciones son de naturaleza “interclase”, diferentes estratos sociales se encuentran en la misma trinchera intelectual. Este aspecto hace que los cambios tengan mayor repercusión y transcendencia. El hermanamiento entre diferentes espectros sociales favorece enormemente la sensación de cambio global, de transformación radical y de advenimiento de una nueva realidad. Estudiantes y obreros, intelectuales y funcionarios, amas de casa e hijos de las clases acomodadas se encuentran y se mezclan en debates, manifestaciones y todo tipo de acciones de protesta.

The nature of changes has changed

Constant change has been the backdrop to our lives. But the nature of changes has changed. Peter Buchanan empieza así de contundente un ensayo reciente publicado en The Architectural Review.[1] Sin duda e marco conceptual del texto de Buchanan se sitúa en la profunda recesión global que estamos viviendo, entrados de lleno en la segunda década del siglo XXI. Pero una atenta lectura del texto de Buchanan no deja de dar la impresión de que el viejo dicho “de aquellos polvos vienen estos lodos” vuelve a cumplirse. La argumentación de Buchanan acaba con una acertada afirmación: The conceptual thinking still conforms to the paradigm of modernity. But as Einstein pointed out, a problem cannot be solved with the same level of thinking as created it.

Es decir, ya va siendo hora que asumamos que para mirar hacia adelante deberíamos dejar de mirar por el retrovisor. La velocidad, la escala y la transversalidad de los cambios contemporáneos han mutado de naturaleza y ya no son una contraprogramación a la modernidad. Bien es cierto que el origen de todos los cambio lo podemos encontrar en la década de ruptura que supuso los años 60, pero también es cierto que la lógica evolutiva de estos cambios ha acabado por modificar su estructura profunda y urge replantear una respuesta veloz, escalable y transversal acorde con la magnitud de los cambios actuales de una forma totalmente liberada de la modernidad y también como no, de la tan cacareada postmodernidad.

Se impone un espíritu de superación de etapas precedentes para confrontarnos con valentía y una cierta dosis de optimismo militante a un fluir constante de transformaciones que hoy ya pueden empezar a ser explicados desde sí mismos, desde su consistencia y densidad, sin la necesidad de recorrer a culpabilizar una modernidad, hoy totalmente amortizada, ni a una postmodernidad totalmente superada por su propio sentido del sarcasmo.

Abramos bien los ojos, respiremos hondo y preparémonos para un viaje incesantemente exigente, indudablemente necesario y programáticamente liberador: el viaje de los cambios del cambio.


[1] BUCHANAN, Peter, The Big Rethink. Towards a Complete Architecture. The Architectural Review, Londres, Diciembre 2011.

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