Del Vacío de la Arquitectura

CABAÑA DE HEIDEGGER

Del Vacío de la Arquitectura

Die Leere ist nicht nichts. Sie ist auch kein Mangel. In der plastischen Verköperung spielt die Leere in der Weise des suchendentwerfenden Stiftens von Orten.

Martin Heidegger | Die Kunst und der Raum

El vacío no es nada. Tampoco es una falta. En la materialización plástica juega el vacío como un acto fundante que busca forjar lugares.[1]

Podría interpretarse que esta enigmática frase entresacada del texto de Heidegger representa de una manera u otra una definición iniciática de la esencia de la arquitectura. Podría interpretarse así, que la arquitectura es dar significado a una porción de aire encapsulada entre impedimentos físicos que le dan forma y la configuran. Más aún, le dan significado, materialidad, textura, color, y sobre todo un relato, una historia, o mejor dicho un sin fin de historias posibles.

Por tanto el vacío es la arquitectura. Primer enigma resuelto. Si Heidegger afirma rotundamente que  el vacío no es nada, entonces ¿qué es? Pues el vacío es arquitectura y por tanto la arquitectura es en cierta manera lo contrario que nada, lo opuesto a la nada.

Ahondemos algo más. Habría una lectura posible en la que la arquitectura se define como una disposición material. Las cosas que el arquitecto dispone en el espacio son exactamente lo que la arquitectura es. Una visión constructiva de la arquitectura vendría a narrar las relaciones entre las cualidades materiales de cada elemento constructivo, cada definición, cada proyección que la materia induce. Un espacio de madera y piedra evoca lo orgánico y vivo de la madera en relación a lo mineral y pesado de la piedra. Una piedra pulida, flameada o a corte de sierra, invoca texturas e interpretaciones diferentes del espacio.

Esta sería una interpretación superficial, no en el sentido de una interpretación insulsamente poco profunda, sino en el sentido de que aquello que nos ofrece la superficie de un material, específicamente dispuesto en la superficie de un espacio es el espacio mismo, es decir, superficie y volumen son lo mismo. Una arquitectura en 2D.

Sin embargo hay otra lectura de la arquitectura. La arquitectura es espacio, es aire encapsulado, es vacío. La configuración de ese vacío, una configuración hacia afuera y un limitar hacia adentro es lo que dota de cualidades al espacio arquitectónico. En todo caso el revestimiento de ese materializar hacia afuera irradia unas cualidades complementarias a las cualidades intrínsecas del vacío por sí mismo. Las cualidades primarias del vacío vendrían dadas por su forma, su articulación, por las intrincadas relaciones entre vacíos superpuestos. Todas las decisiones posteriores vendrían a darse de forma subyugada a estas cualidades primarias. Hay una ventana aquí y allá para conseguir una lectura determinada del vacío. Hay un acabado específico en ese plano, un color en ese otro para conseguir una manera de leer lo vaciado. El vacío es así metafísico, la arquitectura en esencia es metafísica, y solamente su necesaria configuración es capaz de cosificar[2] el vacío.

Toda la historia de la arquitectura puede ser descrita así, como una voluntad de trascender la materialidad hacia un significar. Sin embargo se puede sospechar que algo mucho más complejo debe estar detrás de una interpretación tan primaria. Quizás habría que ahondar algo más en Heidegger.

Anterior a Die Kunst und der Raum,  Heidegger pronuncia en 1951 una conferencia en el Darmstädter Gespräch llamada Bauen-Wohnen-Denken (Construir-Habitar-Pensar). En 1952 esta conferencia se publica en Neue Darmstädter Verlaganstalt.

De todo el texto cabe destacar el enérgico principio donde ya de entrada, se plantean algunas preguntas que activan auténticas cargas de profundidad:

En lo que sigue intentaremos pensar sobre el habitar y el construir. Este pensar sobre el construir no trata de encontrar ideas de construcción ni de dar reglas de construcción. Este intento de pensamiento de manera alguna representa el construir a partir del arte edilicio o de la técnica, sino que lleva a construir hacia atrás, hacia el campo al que pertenece todo lo que es. Preguntamos: 1.- ¿qué es habitar?, 2.- ¿En qué aspecto pertenece el construir al habitar? [3]

Construir, Habitar, Pensar parecen los verbos de cabecera de un arquitecto. Este primer texto introductorio del texto del filósofo alemán ya deja claro que en todo caso la tarea del arquitecto no reside en la aplicación de una serie de reglas de construcción, más bien la tarea principal es la de construir hacia el campo al que pertenece todo lo que es.

De forma enigmática suponemos que Heidegger intenta decir que el ámbito de reflexión de la arquitectura es construir tomando como base todo aquello que tiene condición de realidad, de todo lo que es. Construir vendría a ser una manera de cosificar, dicho en términos Lukacsianos.

Más adelante se pregunta: ¿en qué aspecto pertenece el construir al habitar? [4]

En esencia todo el texto de Heidegger bascula sobre la idea de erigir una construcción que configura un espacio-relato al que el individuo necesariamente pertenece, no hay hombre y además espacio,  dice. Construir y Habitar vienen a ser la misma cosa: Pensar. Eso significa que el hecho de Construir y la acción de Habitar pertenecen más al campo de la reflexión que al campo de la acción, y la arquitectura es una materia ligada en mayor medida a la construcción de conceptos que a la construcción de objetos. Ya sabemos que esta conclusión no es del todo exacta.

La esencia del construir es el permitir habitar. Sólo si somos capaces de habitar podemos construir.[5]

Si valoramos esta última sentencia, aparte de la indisociabilidad de la idea de construir a la vez que la de habitar, aparece invocada en escena la figura del arquitecto, el actor al que todo el texto Bauen-Wohnen-Denken va dirigido. Lo digo porque de todas aquellas personas capaces de habitar, es decir todas, solamente muy pocas pueden tener la intención de construir y esa característica solamente parece darse en la profesión de arquitecto.

En Heidegger la condición necesaria de un arquitecto para poder construir, y anteriormente para poder imaginar lo construido, es poder habitar. Debe producirse una empatía necesaria para poder imaginar una construcción posible entre el personaje que se otorga el poder de dar forma mediante un proceso constructivo y el objeto resultante de su reflexión. En otras palabras, el arquitecto siempre proyecta para sí mismo, como si el objeto propio de su trabajo siempre tuviera un mismo y único destinatario.

Esta lectura sincopada de los textos de Heidegger dibuja 3 puntos cardinales sobre los que se cimientan las bases de la arquitectura. En primer lugar la materia prima de la arquitectura es el vacío. En segundo lugar la acción prioritaria es construir/habitar ese vacío. En tercer lugar el sujeto principal que va a llevar a cabo esta acción mediante la interacción con esta materia prima, es la arcaica figura del arquitecto.

Construir el vacío es pues, pensar la arquitectura.

Imagen de la cabecera: La cabaña de Martin Heidegger fuente: http://sespai.com/la-cabana-de-heidegger-adam-sharr/


[1] En 1968 tuvo lugar un encuentro entre Martin Heidegger y Eduardo Chillida en el Schloss Hagenwill. De ese encuentro salió la promesa de Heidegger de escribir un texto principal: Die Kunst und der Raum. A finales de noviembre de 1968 el filósofo alemán envió a Chillida sus reflexiones acerca del enigma del arte. El ensayo de Heidegger apareció en otoño de 1969 en una edición bibliográfica de la editorial Erker Presse de Franz Larese y Jurg Janett en St. Gallen. El texto lo escribió Heidegger sobre piedra y Chillida realizo siete lithocollages para acompañar el texto. Además cada ejemplar contenía un disco con la grabación del texto leído por el propio Heidegger. Texto en alemán y traducción en DE BARAÑANO, Kosme María, Chillida – Heidegger – Husserl. El concepto de espacio en la filosofía y la plástica del siglo XX, Euskal Herriko Unibertsitatea, Leioa, 1990.

[2] La idea de cosificación proviene del concepto que acuñó Lukács en Historia y Consciencia de Clase de 1923 en el cual utiliza la categoría weberiana de racionalidad, abstracción, cuantificación y la fusiona, por otro lado, con las categorías marxistas de trabajo abstracto y de valor de cambio. Esta fusión de categorías acaba definiendo la cosificación en el sentido estricto del término como convertir en cosa algo que no lo es. Más ampliamente el concepto de cosificación parte del análisis marxista de las raíces económicas de la alienación, que se encuentra en las relaciones de producción propias del capitalismo. Con el término cosificación, que también se traduce como reificación, Lukács demuestra los alcances de la enajenación. Ésta no se restringe al proceso de producción de mercancías. La categoría lukacsiana de cosificación extiende el análisis de la alienación y el fetichismo de la mercancía de Marx al ámbito de la subjetividad humana, de las relaciones sociales y de la cultura.

[3] Ibídem p. 135

[4] Ibídem p. 141

[5] Ibídem p. 157

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