El vacío cosificado – Chillida, Oteiza, Palazuelo, arquitectos

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El vacío cosificado – Chillida, Oteiza, Palazuelo, arquitectos

Escena nº1[1]

En 1968 tuvo lugar un encuentro entre Martin Heidegger y Eduardo Chillida en el Schloss Hagenwill. De ese encuentro salió la promesa de Heidegger de escribir un texto principal: Die Kunst und der Raum. A finales de noviembre de 1968 el filósofo alemán envió a Chillida sus reflexiones acerca del enigma del arte. El ensayo de Heidegger apareció en otoño de 1969 en una edición bibliográfica de la editorial Erker Presse de Franz Larese y Jurg Janett en St. Gallen. El texto lo escribió Heidegger sobre piedra y Chillida realizo siete lithocollages para acompañar el texto. Además cada ejemplar contenía un disco con la grabación del texto leído por el propio Heidegger.

Escena nº2[2]

Años 1968-1969. Los impedimentos eclesiásticos que pesaban sobre la estatuaria del Santuario de Aránzazu desaparecieron en 1968, lo que permitió que Oteiza concluyera los trabajos comenzados. El encargo de la estatuaria de Aránzazu fue un concurso ganado a principios de los años 50 y se convirtió en la oportunidad de enfrentarse al problema de la expresión figurativa cuando el escultor ya estaba totalmente comprometido con su trabajo experimental abstracto. Los apóstoles, abandonados en una cuneta cerca del Santuario, son finalmente colocados en la fachada. Ahora se plantea el tema de la figura que se colocará en lo alto. Tras la muerte de Txabi Etxebarrieta en una operación en la que coincide el primer asesinato de ETA y la muerte del primer militante de la organización, Oteiza decide que la imagen que presidirá el muro será el hijo muerto, a los pies de la Madre, que estará mirando al cielo, clamando, hablando, no sé…[3]

Escena nº3

Tras un largo periodo de su vida transcurrido en París, de 1948 a 1969, Pablo Palazuelo vuelve a la finca familiar de La Peraleda, cerca de San Lorenzo del Escorial y a partir de entonces epicentro de su producción pictórica y de sus escritos. Ya en 1970 escribe la idea del espacio no accede al reposo; es una idea que no accede a su causalidad propia en su intento de trayectoria, aunque fuera vana, hacia lo ilimitado. El espacio exhausto. Ciertas energías no traducen sus procesos de manifestación si no es en las formas o a través de las formas.[4] Desde La Peraleda, Palazuelo escribirá la mayoría de sus textos y lo hará explícito especialmente durante los prolíficos años 90, donde incluirá la referencia física de la finca de La Peraleda, juntamente con la fecha del escrito.

Estas tres escenas, simultáneas en el tiempo son tres interpretaciones ensimismadas sobre la idea de espacio, es decir sobre la idea de vacío. Las tres escenas simbolizan la manera como tres arquitectos extremos[5] entienden la noción de espacio.

En Chillida puede hablarse de un vacío metafísico, una construcción intelectual  que delimita una configuración hacia adentro y un limitar hacia afuera. El vacío queda perfectamente cualificado. Algo así debemos preguntarnos en la arquitectura.

Habría una lectura posible en la que la arquitectura se define como una disposición material. Las cosas que el arquitecto dispone en el espacio son exactamente lo que la arquitectura es. Una visión constructiva de la arquitectura vendría a narrar las relaciones entre las cualidades materiales de cada elemento constructivo, cada definición, cada proyección que la materia induce.

Sin embargo hay otra lectura de la arquitectura, quizás cercana a la lectura que Chillida hace en sus piezas. La arquitectura es espacio, es aire encapsulado, es vacío. La configuración de ese vacío, esa configuración hacia afuera y ese limitar hacia adentro es lo que dota de cualidades al espacio arquitectónico. El vacío en Chillida es metafísico, la arquitectura en esencia es metafísica, y solamente su necesaria configuración es capaz de cosificar el vacío.

Oteiza publica por primera vez en 1963 su célebre Quousque Tandem…! Como subtítulo, las diferentes ediciones siempre llevan impresa esta frase Ensayo de interpretación estética del alma vasca, con breve diccionario crítico comparado del arte prehistórico y el arte actual.

De forma intuitiva, un lector mínimamente atento ya puede entender desde el principio que la dimensión de vacío de Chillida y la de Oteiza no van a cosificar de la misma manera. Oteiza propone en sus textos y en sus esculturas un espacio temporal definido y una área espacial propia, y solamente desde esas limitaciones va a perpetrar la cosificación del vacío. El espacio temporal es nada menos que el ámbito de la prehistoria por un lado y el de la actualidad por otro. Hay que tener en cuenta que para Oteiza, interpreto que no existe prácticamente nada en medio de esos dos límites. El área espacial es sin duda la propia del alma del pueblo vasco. Todas las lógicas propias de la desmaterialización espacial de la estatuaria de Oteiza giran alrededor de una concepción histórica del pueblo vasco, hasta el punto de determinar una estética propia a un espacio geográfico determinado.

El proyecto que constituye la cosificación de un espacio tiene, o puede tener, una dimensión antropológica, una constitución a partir de un lugar. El vació también puede darse en un lugar. En arquitectura, ya sea por su inmovilidad física, ya sea por la relación con el lugar de apoyo, la concepción de lugar es capital. No hay arquitectura, no hay posibilidad de construir vacíos sin una referencia lógica al dónde. Quizás no sea el donde lo único importante en arquitectura, quizás no sea condición suficiente, pero sin duda, es condición necesaria.

La finca de la Peraleda se convirtió en un microcosmos para Pablo Palazuelo. A medio camino entre la ciudad de Madrid y el Escorial, el aspecto del territorio de la finca hoy, debe distar bastante de la imagen que ofrecía en 1969. Sin embargo los límites de ese espacio familiar se mantienen todavía intactos.

Una configuración hacia adentro, la finca La Peraleda parece un representación escogida de los campos castellanos. Los alcornoques diseminados por la finca sin aparente voluntad paisajística, los caminos polvorientos que la cruzan, el caserón en el centro como modelo de cívitas, el pequeño jardín francés al este, las edificaciones alrededor de un patio, aparentemente robustas, las cubiertas a cuádruple pendiente de teja, los cipreses que puntúan el lugar con sombras alargadas, todo parece reflejar una identidad familiar muy consolidada, una configuración específica, un mundo interior. En términos urbanos podríamos decir que se produce un vacío urbano.

Un limitar hacia afuera. La finca limita por un lado hacia la carretera que lleva al Escorial, parece el frente menos agresivo. No hay apenas vegetación, acaso un muro que materializa la idea de linde. En contraposición los otros tres lados están rodeados de urbanidad. Frente la ruralidad de la finca de La Peraleda, la urbanidad circundante se entiende como agresiva. Solamente destaca un camino que se desplaza hacia el oeste, quizás una antigua cañada que el progreso ha borrado del mapa.

Toda esta configuración, todo este esfuerzo por limitar, constituye una voluntad por crear un espacio de la domesticidad, un lugar cargado de historia, de recuerdos, de tiempo colapsado, una constitución desmaterializada hecha de aquello que no puede tocarse pero que imprime un carácter especial a los espacios, otra forma de vacío, un vacío no por más conocido, menos poderoso.

Tres vacíos profundamente arquitectónicos.


[1] A partir de los textos de DE BARAÑANO, Kosme María, Chillida – Heidegger – Husserl, El Concepto de espacio en la filosofía y la plástica del siglo XX, Euskal Herriko Unibertsitatea, Leioa, 1990

[2] A partir de los textos de BADOS, Ángel, Oteiza, Laboratorio Experimental, Fundación Museo Oteiza, Alzuza, 2008

[3] PELAY OROZCO, Miguel, Oteiza, su vida, su pensamiento, su palabra, Editorial Gran Enciclopedia Vasca, Bilbao, 1979

[4] PALAZUELO, Pablo, Notas de Trabajo, Derrière le Moroir, núm. 184, Ed. Maeght, París, 1970

[5] Además de la coincidencia sobre la idea del espacio de forma central en sus trabajos, curiosamente los tres estudiaron y/o, quisieron estudiar arquitectura en algún momento de su vida. Chillida se trasladó a Madrid a estudiar Arquitectura en 1943 y realizo los primeros cursos hasta que abandona la escuela en 1947, igualmente Oteiza se mudó a Madrid en 1927 para estudiar la carrera de arquitectura, pero unos problemas burocráticos se lo impidieron  y acabó matriculándose en medicina, carrera que abandonó en tercer curso, Palazuelo llegó algo más lejos e inicia los estudios de arquitectura en Madrid en 1932 y los prosigue entre 1934 y 1936 en la School of Arts and Crafts de Oxford donde obtiene el intermédiate exam del Royal Institute of British Architects, al estallar la guerra civil abandona la carrera y vuelve a España. A lo largo de sus vidas la relación con la arquitectura como disciplina y la noción de espacio y vacio es extraordinariamente prolífica y sin duda una lección para cualquier arquitecto. De ahí la denominación de arquitectos extremos.

Comments
One Response to “El vacío cosificado – Chillida, Oteiza, Palazuelo, arquitectos”
  1. jmeijide dice:

    Reblogged this on dicho en el vacío and commented:
    chillida, oteiza, palazuelo

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