Sobre el arte de hacer ciudades y Richard Sennett

axonometrica 0059 EL ARTE DE HACER CIUDADES

Sobre el arte de hacer ciudades y Richard Sennett

Hay dos formas de pensar acerca de lo que es el espacio público urbano. Una propugna que es un espacio discursivo, en el que los desconocidos hablan entre sí; y la otra defiende que se trata de un espacio de la vista, donde las personas interactúan visualmente, no verbalmente. En la historia del pensamiento sobre las ciudades, Jürgen Habermas representa el primer tipo: está interesado en los lugares donde las personas leen y luego discuten entre sí sobre lo que han leído; un espacio en el que predomina la interacción verbal. Mi concepción es muy distinta. A mi entender, la esfera pública es esencialmente una esfera visual, lo que supone un conjunto de cuestiones bien diferentes. Implica asuntos como la forma en que las personas se enmarcan en el espacio, hasta dónde alcanzan a ver… La esfera pública es, de algún modo, mucho más táctil porque te desplazas, tienes experiencias que definen el modo en el que tu cuerpo se orienta hacia otras personas.

Esto es importante porque Habermas, y los pensadores que, como él, conciben el espacio público como el espacio de las palabras, creen que la política emerge espontáneamente de allí. Mientras que, a mi entender, el espacio público tiene una configuración más social y las cuestiones que planteo son más bien sobre la relación entre lo visual y lo social, y no sobre lo público y lo político.

Al pasear de noche por la calle surge un conjunto de preguntas sobre la esfera pública muy distinto al que se plantearía a plena luz del día. No son preguntas políticas, sino sociales. Se centran en el peligro, en el descubrimiento, en todo tipo de experiencias que para alguien que reflexiona sobre el espacio discursivo serían periféricas. Y el modo en que estas diferencias evolucionan al reflexionar sobre qué es la esfera pública da como resultado que la ciudad como espacio significativo esté desapareciendo progresivamente de los debates de pensadores como los habermasianos. La ciudad física ha desaparecido como objeto significativo del pensamiento sobre la vida pública. Mientras que para mí, los elementos físicos de la ciudad, sus componentes corpóreos, la experiencia física, se han trasladado a un primer plano.[1]

Vayamos por partes.

En este texto Sennett nos plantea una dicotomía irreconciliable. O entendemos el espacio urbano como el espacio de la palabra, o lo entendemos como el espacio de la vista. Sennett se debe a un relato de la confrontación para dejar bien claras sus preferencias. De ahí a pensar que ambas concepciones de lo esencialmente urbano sean excluyentes, es más que dudoso. Es más, podríamos rebatir que la palabra, el ámbito discursivo del espacio urbano, está en pleno renacer a través de las tecnologías de relación, o lo que comúnmente se llaman redes sociales. En todo caso, si que es totalmente cierto que el espacio urbano ha crecido y trascendido hacia el espacio digital con una fuerza extraordinaria. Es decir, ya no solamente quedamos en la plaza física para hablar, sino que también quedamos constantemente en la plaza virtual que las redes han construido.

Podríamos decir que esa dura competencia, ha mermado la capacidad de la plaza física para seguir siendo el soporte del discurso público. Yo preferiría entender que más que una competencia, es una coopetición, es decir una cooperación que debería permitir a la plaza publica y a la virtual, competir mejor por captar la atención. Porque de eso se trata, en un mundo lleno de ruido en todas las variopintas formas que tiene la información, el captar la atención de un individuo es clave. Y por parte del individuo, tener la habilidad por centrar su atención en algo de provecho, propio o colectivo, es esencial. Por tanto, ambos espacios urbanos, la plaza real y la virtual siguen vigentes como espacio discursivo, de talante eminentemente político, en tanto que habitantes de la polis.

Sigamos.

De lo apuntado antes, nada excluye la lógica de lo visual en el espacio público. Es decir la plaza, quintaesencia del espacio público, puede perfectamente ser política, y a la vez, social. Es más, debería ser no solamente eso simultáneamente, sino también, espacio de la construcción simbólica en lo cultural, espacio de nuevos modelos productivos en lo económico y lugar para el desarrollo libre de la tecnología. Entonces, ¿porqué esa confrontación?

Sospecho que en realidad, Sennett aboga por volver a tomar en consideración lo físico en el ámbito espacial de lo público. Y ciertamente quizás lo habíamos perdido un poco de vista. En su teoría sobre la actitud del artesano, Sennett acierta en una clave que se ha debilitado enormemente en las últimas décadas. La técnica como procedimiento no pertenece a la manufactura práctica, sino que es un modo de pensar en si mismo. Más aún, si la actitud es como la del artesano, que se empeña en hacerlo bien, en incorporar una dimensión ética al trabajo manual, eso repercute directamente en la calidad intelectual, en la profundidad y pertinencia del pensamiento.

Esta idea que relaciona la técnica con los resultados, es aplicable al alfarero, pero también al director de orquestra o el investigador de laboratorio. Creo firmemente que también debería aplicarse al arquitecto.

Sennett afirma que a mi modo de ver, cuando distinguimos entre la praxis y la idea, la práctica y la teoría, la que resulta perjudicada es la parte intelectual. Es decir, disociar el ámbito material del analítico tiene como consecuencia un debilitamiento intelectual, una disminución de nuestra capacidad de visión y de comprensión.[2]

Volvamos al principio.

El contexto en el que Sennett desautoriza la potencia discursiva del espacio público está más relacionado con el hecho de que para el autor la palabra no es material, que el hecho de que la palabra no tenga valor como materia en la construcción de la argumentación de lo colectivo. A partir de allí, si que puede empezar a profundizarse en las diferentes consideraciones del espacio público. Todos estaremos de acuerdo que los lugares de encuentro que la ciudad nos ofrece, son estructuras materiales que en la mayoría de los casos su uso queda restringido a la mirada, y el posterior reconocimiento por parte de los individuos, de los mensajes que lo material desprende. Una calle estrecha y mal iluminada automáticamente lanza una mensaje de alerta para el paseante ocasional, mientras que una plaza concurrida, llena de bares y terrazas, ofrece un mensaje de confort. Eso es evidente en el momento en que construimos lazos sociales entre iguales con el espacio público de fondo.

En resumidas cuentas, es cierto que desde hace ya demasiado tiempo, hemos olvidado el arte de hacer ciudades, en tanto que hemos puesto el acento en los objetos que conforman un espacio público y no en el vacío que estos objetos configuran. Es más, posiblemente hemos perdido totalmente la noción de que una fachada de un edificio que hace frente a una plaza o una calle no pertenece tanto al objeto arquitectónico, como que pertenece al espacio de lo común, o dicho de otra forma, una fachada es espacio público en vertical, y se debe a las lógicas de ese espacio, de la misma manera que se debe al programa que alberga, a las condiciones energéticas, a la estanqueidad o a la materia en que esa fachada está construida. Es decir, una manera de dar materialidad y praxis al espacio público sería comprender que todo aquello que lo configura, tanto su  plano vertical, como su plano horizontal, forma parte del espacio público.

Y así, el resurgir de lo discursivo en lo político, lo simbólico en lo cultural, lo productivo en lo económico y lo termodinámico en lo tecnológico, tendrán una oportunidad de configurar un ecosistema real.

*La imagen del post es el cartel del evento Nuevas formas de ciudad en la era de internet celebrado el pasado mes de Abril en Valencia. http://ecosistemaurbano.org/urbanismo/ciudad-sensible-nuevas-formas-de-ciudad-en-la-era-de-internet-valencia-24-26-abril-2013/


[1] SENNETT, Richard, Artesanía, tecnología y nuevas formas de trabajo, Katz Editores y el CCCB, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, Barcelona, 2013. Este texto está extraído de una entrevista muy interesante de Magda Anglès a Richard Sennett.

[2] Ídem p.13

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